Crónicas Jugonas: Semana 42 del 2019 (14/10 – 20/10)

Semana algo más floja de lo esperado a causa de un virus estomacal que hizo estragos en mi familia. Con más o menos intensidad, fuimos cayendo poco a poco, por lo que sentarse a la mesa fue complicado. Pero bueno, tampoco ha sido un desastre. Como novedades, tenemos como plato principal La Stanza, la nueva propuesta de Sentieiro y Soledade recientemente publicada por Maldito Games en nuestro país. Un eurogame con una mecánica principal de rondel en el que la planificación a medio plazo juega un papel fundamental. Y como guarnición, un par de expansiones. Por un lado, Beyond, la expansión de Rise to Nobility que le añaden más elementos y posibilidades estratégicas, y por otro, Monstruos y Esbirros, la primera expansión de Roll Player que incluye enemigos contra los que nuestro personaje tendrá que combatir. Venga, no os entretengo más.

Comenzamos la semana lúdica ya el martes con una partida mano a mano entre mi hermano y yo a Root (aquí su tochorreseña), diseñado por Cole Wehrle. Un juego asimétrico en el que cuatro facciones se disputan el control de un bosque, buscando ganar puntos de victoria (cada uno de una forma distinta) o, en su defecto, controlar ciertas zonas marcadas por unas cartas de dominación que pueden aparecer durante la partida para ser reclamadas por los jugadores. El eje central del juego es un mazo de cartas las cuales están asociadas a los claros que se muestran en el tablero en los que habitan cuatro razas (zorros, conejos, ratones y pájaros). Para actuar sobre un claro concreto, tendremos que utilizar una carta que coincida con la raza que habite en dicho claro. Los jugadores deben competir por el control de estos claros e ir ampliando su poder, teniendo en cuenta que cada facción lo hará de una manera totalmente distinta mecánicamente hablando. Aprovechamos para estrenar una de las dos facciones que se incluye en la primera expansión, los Lagartos, que tienen un gran número de peones y pueden entrar fácilmente en los claros e ir generando jardines, que les permitirán obtener puntos de victoria y cartas. El uso de las cartas es también curioso pues, salvo que se utilicen para puntuar, estas volverán a la mano, proponiendo una gestión original y distinta al resto de facciones. Mi hermano jugaba con los pájaros y yo con los susodichos lagartos. Partida sin mucha historia pues tardé en ver el flujo de actuación de mi nueva facción. Para cuando quise reaccionar, mi hermano había alcanzado velocidad de crucero con su decreto y no fui capaz de rompérselo para tener opciones de victoria. Si es cierto que, en un turno concreto, si hubiese construido un jardín en el único claro de zorros que mi hermano dominaba le podría haber hecho mucho daño al no poder reclutar en un claro de esa especie. Pero lo vi tarde. Resultado: 30 a 14 para mi hermano. El mejor juego publicado en 2018 de largo (y probablemente de los dos años anteriores también). Un wargame muy ligero y con una asimetría espectacular, no solo a nivel de objetivos, sino en cuanto a mecánicas y elementos propios. Es como si tuviésemos cuatro juegos en uno. Las partidas son tensas, divertidas y muy agiles, por lo que ve mesa con pasmosa facilidad. La única pega que se le puede poner es que, como wargame que es, hay una carga conceptual importante (sobre todo en cuanto a pequeños detalles se refiere) que requieren de un jugador que domine el juego en la mesa para que la experiencia sea total. Pero, obviando esta minucia, nos encontramos ante una obra maestra. Me ha gustado la expansión de los lagartos, con un desarrollo distinto y con la capacidad de surgir en cualquier lado, pero dependiendo del buen uso de las cartas para poder atacar y contrarrestar a los enemigos. Deseando probar a los castores.

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Crónicas Jugonas: Semana 35 del 2019 (26/08 – 01/09)

Gran semana con un par de sesiones el sábado y con nada más y nada menos que cuatro estrenos. El primero de ellos fue Star Wars: El Borde Exterior, el juego de aventuras estilo Xia o Western Legends, pero ambientado en el universo de Star Wars del que soy un fan absoluto. También jugamos a Barrage, el último gran diseño de la factoría italiana y que promete mucho tras una primera partida. El tercero sería Genios Victorianos, un peso medio-ligero de CMON con la firma de Eric M. Lang y Antoine Bauza con una macacina de programación de acciones que suele encajarme muy bien. Y Bunny Bunny Moose Moose, un party muy marciano de ese genio que es Vlaada Chvatil. Venga, no os entretengo, que hay mucho que leer.

Comenzamos el lunes con una partida a Finca (aquí su tochorreseña). Diseñado por Wolfgang Sentker y Ralf zur Linde, nos trasladamos a la isla de Mallorca, donde tendremos que cultivar diversos frutos para completar los pedidos de las distintas fincas. En su turno, un jugador podrá elegir una de tres posibles acciones: recolectar frutos, completar pedidos o jugar una ficha especial. Las fincas irán solicitando una serie de conjuntos de frutos a cambio de una ficha con puntos de victoria. La mecánica más curiosa es la de recolección de frutos, con un rondel formado por aspas de molino sobre las cuales se muestra uno de los cinco seis frutos. Tendremos una serie de agricultores sobre dichas aspas. Elegiremos uno de ellos y, por un lado, se moverá en sentido de las agujas del reloj tantas posiciones como agricultores hubiese en el aspa inicial, y por otro, se obtendrán tantos frutos como agricultores haya en el aspa de destino (siempre incluyendo en ambas cuentas al agricultor en movimiento). Partida muy igualada en la que me confié en los últimos turnos pensando que Sandra no cerraría. Y digo que me confié porque en el que, a la postre, sería mi último turno pude haber realizado una entrega (disponía de los frutos necesarios) que me habría otorgado la victoria, pues era la misma que Sandra entregaría en el turno que detonó el final de la partida. Ella no hubiese obtenido esos puntos y yo sí, siendo justamente la diferencia en el marcador final. Antes, yo realicé ventas importantes, obligando a la señorita a tener que recurrir a una entrega de un fruto de cada tipo para poder completar el primer set, algo que yo conseguiría pocos turnos después. También fue clave para evitar que despegase en el marcador igualarle en número de naranjas entregadas para poder cerrar una de las fincas sin que nadie reclamase la ficha de bonificación. Pero, con todo, dejé escapar la oportunidad de anotarme la primera victoria de la semana. Resultado: 60 a 56 para la señorita. Juego elegante, con una explicación ultracorta y un aspecto muy agradable. El sistema de recolección es un rondel con reminiscencia de mancala, pero sin movimiento de siembra (no se desperdigan los agricultores del aspa elegida, pero si se aplica el número de movimientos). Entre esto y estar ajustando al milímetro los frutos para intentar optimizar al máximo las entregas, echaremos un rato muy buen rato. Y, como no podía ser de otra forma, con calidad Hans im Glück. En pocos juegos encontraremos meeples de higos. A cuatro jugadores pierde profundidad estratégica, pero gana en interacción, al tener que tener un ojo constantemente puesto en la reserva de frutas para poder adelantarnos a una posible devolución, aunque a dos jugadores esto no ocurre tanto con las frutas (sí con las carretillas).

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Crónicas Jugonas: Semana 31 del 2019 (29/07 – 04/08)

Semana algo extraña, en la que, por diversos motivos, entre semana se nos fueron dos tres en los que no logramos sentarnos a la mesa. Menos mal que lo compensamos con una señora sesión durante el fin de semana visitando a Yol (Análisis al Cubo). En estas Crónicas encontraréis tres juegos que aparecen por primera vez en este blog: Topiary (un juego abstracto con un toque de gestión de la mano y establecimiento de patrones mediante losetas), The Colonist (un juego de gran duración en el que tendremos que desarrollar nuestro tablero construyendo edificios mediante la transformación de recursos) y Throw Throw Burrito (la nueva marcianada de los creadores de Exploding Kittens en el que los jugadores intentan conformar tríos de cartas de forma simultánea, ocurriendo de vez en cuando enfrentamientos en los que los jugadores se lanzan burritos de gomaespuma). Venga, vamos al lío.

El lunes por la tarde nos echamos un par de partidillas. La primera fue a Ticket to Ride: London, diseñado por Alan R. Moon. Una versión casi de viaje de uno de los títulos que conforman la Santísima Trinidad de juegos introductorios que sigue la línea comenzada por Ticket to Ride: New York con un mapa de unas dimensiones reducidas (rutas de 1 a 4 segmentos). La mecánica es exactamente la misma, con los jugadores teniendo que obtener cartas de colores de un suministro para, posteriormente, reclamar rutas descartando cartas de un mismo color según el indicado por la ruta. El objetivo es intentar completar el máximo número de cartas de destino, teniendo en cuenta que cada carta de destino en mano no completada restará puntos en vez de sumar al final de la partida. La novedad de este título es que el mapa está estructurado en barrios, y si un jugador conecta todos los puntos de dicho barrio entre sí mediante sus trayectos, recibe una bonificación de final de partida. Partida que perdí en los últimos turnos al no contar bien las cartas que tenía en mano, perdiendo un valioso turno en robar, cuando podría haberlo aprovechado para reclamar un último trayecto con el que habría completado uno de mis tickets y, con ello, alcanzado la victoria. Por desgracia, no pude y perdí los puntos del ticket. También es cierto que me arriesgué bastante y no contaba con que la señorita cerrase antes de lo que esperaba. Resultado: 35 a 27 para la señorita. Una versión reducida de Ticket to Ride que, de manera sorprendente, mantiene la tensión del juego original, además de no permitir la contemporización al existir rutas de tamaño reducido. Muy directo y con decisiones interesantes para tan poco tiempo. Ideal para llevarlo a cualquier sitio o cuando no se dispone del tiempo suficiente como para jugar a un Ticket to Ride de grandes dimensiones. A dos funciona bien porque implementa el concepto de las dobles rutas que, según la configuración, pueden usarse o no. Pero, como es obvio, a cuatro es como brilla. Una pequeña dosis de estrés que no permite el tortugueo, porque desde la primera acción los jugadores ya pueden reclamar rutas con sus manos iniciales. Obviamente no puede competir con el juego original en cuanto a profundidad y desarrollo, pero como filler para sacar en un momento de relax es perfecto. Respecto a la comparación con New York, me parece más interesante el tema de los barrios pues es más complicado de conseguir y los rivales pueden fastidiar de forma clara, mientras que en el de New York se anotaban puntos de forma las directa. Por contra, el mapa de este London me parece algo más soso que el de New York, repleto de monumentos y detalles que aquí se echan en falta y/o son demasiado sutiles.

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