Crónicas Jugonas: Semana 33 del 2014 (11/08 – 17/08)
Intensa segunda (y última) semana de vacaciones en Sevilla. Muchas partidas, visita de José Luis y Silvia (nuestra pareja de juegos habitual en Asturias) con su hijo Nico. Vamos allá.

Intensa segunda (y última) semana de vacaciones en Sevilla. Muchas partidas, visita de José Luis y Silvia (nuestra pareja de juegos habitual en Asturias) con su hijo Nico. Vamos allá.

Pero bueno, centrémonos. ¿De qué va Keltis? Intentad hacer uso de toda vuestra capacidad imaginativa, porque así se presenta el juego: «Todos empezamos entre tinieblas, pero cada paso que damos nos acerca a la luz. Esto es lo que dice la sabiduría céltica sobre la vida y de eso va Keltis». ¿Cómo os quedáis? Una manera elegante de decirnos que estamos ante un juego totalmente abstracto.
Pero bueno, centrémonos. ¿De qué va Keltis? Intentad hacer uso de toda vuestra capacidad imaginativa, porque así se presenta el juego: «Todos empezamos entre tinieblas, pero cada paso que damos nos acerca a la luz. Esto es lo que dice la sabiduría céltica sobre la vida y de eso va Keltis«. ¿Cómo os quedáis? Una manera elegante de decirnos que estamos ante un juego totalmente abstracto.

Tras una buena temporada sin tocar al juego que nos introdujo el deckbuilding, es el momento de retomar el análisis exhaustivo de otra de las entregas de la serie. Y como soy así de ordenado, en esta ocasión vamos a tratar el juego básico.
Obviamente, este desorden tiene su explicación. Como bien sabéis, existen dos juegos básicos de Dominion (que incluyen las cartas de Victoria, Tesoro y Maldición necesarias para jugar una partida). El primero que entró en mi ludoteca fue Dominion: Intriga, que fue el que utilicé para realizar la reseña convencional. Para que esta no fuese demasiada extensa (tiene gracia que yo diga esto), realizando en una entrada separada el análisis de las cartas, ya que en las expansiones se introducen pocos conceptos mecánicos.

Semana completa de vacaciones en las que, como era previsible, han caído muchas partiditas, especialmente el viernes, día que el que os escribe y Sandra visitaban las Jornadas Tierra de Nadie 2014 en Mollina, Málaga. Vamos a ver cómo fueron.

Estamos ante uno de esos casos extraño de entrada en mi ludoteca. No por el juego en sí mismo, sino por su autor, el prolífico Reiner Knizia. Se puede hablar largo y tendido de toda su obra. Pero estaremos de acuerdo en que el matemático doctor posee entre sus títulos publicados auténticas obras de arte del mundo lúdico. Lo «normal» habría sido que alguno de estos juegos megaconocidos hubiese entrado antes en mi estantería. Pero no. Fue este Indigo, gracias a una oferta irrechazable. Pero ya os digo que en mi colección han entrado (y entraran) muchos Knizias.
El índigo, o añil, es una tonalidad intensa de azul, que ya se extraía de las plantas de índigo en la antigüedad. Su color azul oscuro fue considerado como símbolo de la eternidad e inmortalidad por muchas culturas y religiones. Como color tiene un efecto relajante en el cuerpo humano y mantiene la cabeza fría. De esta forma deberían intentar mantener la cabeza los jugadores durante el juego para asegurarse las piedras preciosas.

Magnifica semana. Sobre todo porque es en la que comenzaron nuestras vacaciones y por fin bajamos a Sevilla tras casi 8 meses sin pisar mi ciudad natal. Pero eso no es excusa para no jugar. Vamos al lio.

Un juego con una portada tal que cualquier jugón con la mente sucia puede dejar volar la imaginación seguro que esconde algo bueno. Hoy os traigo mis primeras sensaciones tras jugar a Santiago, un juego diseñado por Claudia Hely y Roman Pelek, publicado en 2003.
En Santiago tomamos el papel de terratenientes en la Isla de Santiago (Cabo Verde), donde es difícil conseguir agua para el cultivo, actividad a la que nos dedicaremos principalmente. Entonces las avanzadas técnicas de irrigación lo son todo. El capataz de riego decide donde se irriga, así que habrá que usar toda nuestra locuacidad (y dinero) para convencerle de cuál es el mejor lugar para excavar esa preciada acequia.

El hype. Ese inquieto compañero de viaje lúdico. Un día estás tranquilo en tu casa navegando y, de repente, lees una reseña que hace que este se despierte y empiece a carcomerte por dentro poco a poco, y, sin que te des cuenta, en unos pocos días tienes un ansia viva por conseguir ese juego que, hasta hace no mucho, ni conocías su existencia. En este caso no ha ocurrido así, pero casi. El juego lo conocía, había leído reseñas y, llamándome la atención, mi hype no se había despertado. Pero fue a raíz de comenzar a leer críticas positivas más sosegadas, alejadas en el tiempo desde su fecha de lanzamiento lo que provocó el resurgir de mi impulso comprador. Y aquí estamos.
En Russian Railroads los jugadores compiten por crear la red ferroviaria más avanzada y extensa posible mediante la colocación de sus trabajadores en diversas tareas. El desarrollo los trayectos permitirá alcanzar lugares importantes, mientras que la modernización de su red ferroviaria mejorará la eficiencia de su maquinaria. Locomotoras modernas permiten cubrir mayores distancias, mientras que las fábricas producen tecnología mejorada en serie. También podemos contratar Ingenieros que, utilizados eficientemente, se convertirán en el impulso para llegar antes que la competencia. Hay muchos caminos hacia la victoria: ¿Quién alcanzará un esplendoroso futuro lleno de vapor? ¿Quién descarrillará? El que consiga superar todos los retos llevará su imperio hasta la cima y resultará victorioso.

Se nota que se acercan las vacaciones. Baja el ritmo de partidas y solo se piensa en coger carretera y manta y desconectar durante unos días. Pero hay que mantener el nivel.