Reseña: Whistle Stop

Con la colocación del clavo de oro en 1869, se completó la primera ruta ferroviaria transcontinental en los Estados Unidos de América. Pero esto fue solo el principio de una rápida expansión que cruzaría todo el país. Empezando por la Costa Este, toma el control de una compañía ferroviaria y construye rutas, recoge mercancías y llévalas a ciudades prosperas. En el camino, consigue acciones de otras compañías y comprueba como tu reputación se dispara con cada entrega completada con éxito. Da el empujón definitivo para completar largos recorridos hasta las ciudades en auge del Oeste.

Así se nos presenta Whistle Stop, diseñado por Scott Caputo (Voluspa, Los Cien Torii). El juego fue publicado por primera vez en 2017 por Bezier Games en una versión en inglés. De las ilustraciones se encarga Stephanie Gustafsson (Aeon’s End, Coup, Colony, Senators).

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Reseña: TimeBomb

En TimeBomb los jugadores se dividirán en dos equipos, un equipo intentará detonar la bomba y el otro desactivarla, solo hay un pequeño problema: nadie sabe el equipo de los otros jugadores.

Así se nos presenta este TimeBomb, un diseño de Yusuke Sato, autor también de Tempel des Schreckens. El juego se editó por primera vez en 2014 por New Board Game Party, siendo retematizado un par de veces. El primero cambio de aspecto lo efectuó Indie Boards & Cards con Cthulhu bajo el nombre de Don’t Mess with Cthulhu, volviendo al tema del atentado en la edición de caja pequeña de IELLO, aunque con ambientación victoriana más Sherlock y Moriarty. El ultimo remodelado, correspondiente a la copia utilizada en esta tochorreseña, es el de Ediciones Primigenio, con vuelta al tema de terroristas y agentes. Cada una de estas ediciones ha contado con un artista distinto: Stephanie Gustafsson (Coup, Colony) de la de Indie Boards & Cards, Biboun (Dice Forge, Nyet!) de la de IELLO, y David Arenas (Kingdom Defender) de la de Ediciones Primigenio.

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Primeras Impresiones: One Night Revolution

Hace unos años Akihisa Okui revolucionó el género de los juegos de roles ocultos aplicándole un giro de tuerca realmente genial al clásico moderno que es Los Hombres-Lobo de Castronegro (aquí su tochorreseña), reduciendo a la mínima expresión una dinámica que, sin nadie que lo dirija adecuadamente, podía alargarse hasta la extenuación.

Dos claves fundamentales propiciaban un gran funcionamiento. Por un lado, la introducción de un intervalo temporal en el que los jugadores intentaban deducir qué rol posee cada jugador para lograr la victoria. Y por otro, una única fase de «noche», de forma que cada rol aplicaba su efecto una única vez en toda la partida.

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