Detalle Recinto

Reseña: Zoo Vadis

Introducción

¿Qué pasaría si los animales fueran quienes dirigieran el zoológico? Presumiblemente, este gobierno salvaje se construiría sobre el apoyo de sus compañeros de especie y se alimentaría de la fama, la atención y el prestigio de los visitantes con los ojos abiertos de par en par. Naturalmente, las bestias más ambiciosas presionarían para conseguir un puesto en la Exhibición Estrella, y la estrella principal sería elegida como la Mascota del Zoológico.

Portada
Portada

Así se nos presenta Zoo Vadis, un diseño de Reiner Knizia (Tigris & Éufrates, Ra, Samurai). Publicado por primera vez en 2023 por Bitewing Games en una versión en inglés tras una exitosa campaña de financiación mediante micromecenazgo. Se trata de una reimplementación de Quo Vadis?, publicado en 1992. De las ilustraciones de esta nueva versión se encarga Kwanchai Moriya (Cryptid, Under Falling Skies).

No se encuentra publicado en España, por lo que tendréis que recurrir al mercado de importación para haceros con una copia (el juego es completamente independiente del idioma a excepción del reglamento). Permite partidas de 3 a 7 jugadores, con una edad mínima sugerida de 10 años y una duración aproximada de entre 20 y 40 minutos. El precio de venta al público es de 45,99€. Para esta reseña se ha utilizado una copia de la versión estándar en inglés de Bitewing Games.

Contenido
Contenido

Importante: si ya conoces el juego y/o sólo te interesa mi opinión sobre el mismo, puedes pasar directamente al apartado de Opinión. Los apartados Contenido y Mecánica están destinados especialmente a aquellos que no conocen el juego y prefieren hacerse una idea general de cómo funciona.



Contenido

Dentro de una caja de cartón de dos piezas (tapa y fondo), de dimensiones 31,7×22,7×6,5 cm. (caja rectangular similar a Agricola, pero con algo menos de fondo), encontramos los siguientes elementos:

  • 43 Figuras de Animal (6 de cada especie) (de madera)
  • 6 Figuras de Pavo Real (de madera)
  • 14 Sellos de Habilidad (2 de cada especie) (de cartón)
  • Tablero a doble cara (de cartón)
  • 7 Pantallas de Jugador (de cartulina)
  • 102 Fichas de Laurel (de cartón)
  • Ficha de Cuidador del Zoo (de cartón)
  • Bolsa (de tela)
  • Reglamento
Contenido
Contenido

Mecánica

Zoo Vadis es un juego de negociación en el que los jugadores lideran distintas especies animales con el objetivo de alcanzar el Recinto de la Estrella y acumular la mayor cantidad de laureles. A lo largo de la partida, los jugadores alternan turnos en el sentido de las agujas del reloj, debiendo elegir obligatoriamente una de cuatro acciones posibles: introducir un nuevo animal de su reserva en uno de los recintos inferiores del tablero, desplazar al cuidador del zoo, avanzar un pavo real neutral, o avanzar a uno de sus propios animales hacia el siguiente recinto conectado por un camino. Para poder avanzar una figura propia se requiere el apoyo mayoritario del recinto de origen mediante una votación, lo que obliga a entablar acuerdos con los rivales, negociar futuros favores, comerciar con laureles o sobornar a los pavos reales presentes. Alternativamente, un animal puede avanzar sin votación si el cuidador del zoo se encuentra en su camino. Durante este trayecto, los jugadores recolectan fichas de laurel ocultas tras sus pantallas y pueden activar potentes habilidades asimétricas de un solo uso de otras especies mediante pactos. La partida finaliza inmediatamente en el momento en que se completan todos los espacios del Recinto de la Estrella; tras esto, se realiza el recuento final y el jugador con más laureles se proclama vencedor y Mascota del Zoo, siempre y cuando haya logrado llevar al menos uno de sus animales al recinto final.


Conceptos Básicos

Comencemos con las Figuras de Animal. Estas representan a las distintas especies que compiten en el juego, habiendo seis figuras disponibles para cada una de ellas. Su función principal es servir como los peones que los jugadores deben introducir en el zoo y hacer progresar, gestionando sus movimientos a través de los distintos recintos del tablero para intentar alcanzar la exhibición estelar antes de que finalice la partida.

Figuras de Animal
Figuras de Animal

Adicionalmente tenemos las Figuras de Pavo Real, que representan a una especie neutral de aves que deambula libremente y que no pertenece a ningún jugador. En el juego funcionan como elementos de bloqueo o apoyo en las votaciones que cualquier participante puede hacer avanzar por los caminos; además, sirven para adaptar el tablero según el número de personas en la partida, otorgando puntos básicos a quien decida moverlas durante su turno. Se pueden sobornar para conseguir su voto.

Figuras de Pavo Real
Figuras de Pavo Real

Los Sellos de Habilidad son losetas de cartón asociadas a cada una de las especies de animales, recibiendo cada jugador dos de estos sellos correspondientes a su facción al inicio de la partida. Su propósito es otorgar poderes asimétrica únicos que los jugadores no pueden aplicar sobre sí mismos, sino que deben ofrecer y activar en beneficio de los rivales durante las fases de negociación a cambio de favores, pactos o puntos.

Sellos de Habilidad
Sellos de Habilidad

La partida se desarrolla sobre un Tablero que muestra una red de recintos conectados entre sí por caminos y túneles que ascienden de forma jerárquica, sirviendo como el mapa visual sobre el cual se colocan los animales. Todos los recintos muestran un número impar de espacios para peones, de forma que para conseguir progresar se necesitan tantos votos como la mitad redondeada hacia arriba (en recintos de 3 se necesitan 2 votos, en recintos de 5 se necesitan 3 votos y en recintos de 7 se necesitan 4 votos), independientemente del número de animales que haya en el recinto. En los caminos que conectan los recintos hay espacios para colocar fichas de laurel.

Tablero
Tablero

Las Fichas de Laurel representan la puntuación, el prestigio y la moneda de cambio del juego, dividiéndose en una reserva general de fichas de un punto y otras fichas de entre dos y cinco puntos que se colocan en los espacios de conexión. Cuando un jugador consigue hacer avanzar uno de sus peones por un camino conseguirá la ficha. Algunas fichas muestran acciones gratuitas que se activan en el momento de reclamarla. Estas fichas de mayor puntuación pueden utilizarse para sobornar a pavos reales.

Fichas de Laurel
Fichas de Laurel

Tenemos una ficha especial, la Ficha de Cuidador del Zoo que representa al único empleado humano que permanece en el recinto y que se coloca apilado sobre los caminos del tablero. Su función en el juego es alterar las reglas de movimiento de las rutas donde se encuentra, ya que permite a cualquier animal avanzar por ese camino hacia el siguiente recinto sin necesidad de obtener una mayoría de votos, aunque a cambio bloquea la obtención de la ficha de puntuación que se encuentra oculta bajo él.

Ficha de Cuidador del Zoo
Ficha de Cuidador del Zoo

Por último, cada jugador dispone de una Pantalla que cada jugador coloca de pie frente a sí para ocultar información al resto de los participantes. Sirven para mantener en secreto la cantidad y el valor de los puntos acumulados a lo largo de la partida, y disponen de un espacio en su parte superior diseñado específicamente para encajar y mostrar los sellos de habilidad que el jugador aún tiene disponibles para negociar. Además sirven como hoja de referencia, con las habilidades del resto de especies y las acciones que se pueden resolver en un turno.

Pantalla
Pantalla

Con esto tenemos suficiente.


Preparación de la Partida

  1. Se coloca el tablero de juego en el centro de la zona de juego con el lado bocarriba que coincida con el número de jugadores de la partida.
  2. Se coloca una figura de pavo real en cada casilla del tablero de juego que muestre el número de jugadores correspondiente a la partida. Las figuras de pavo real sobrantes se devuelven a la caja.
  3. Se colocan las fichas de laurel con el valor I en una reserva general al lado del tablero de juego.
  4. Se mezclan el resto de fichas de laurel con valores del 2 al 5 dentro de la bolsa de tela. Tras esto, se roba y se coloca aleatoriamente una ficha de laurel bocarriba de la bolsa en cada espacio asignado del tablero.
  5. Se apila la ficha del cuidador del zoo bocarriba justo encima de la ficha de laurel que se encuentra directamente debajo de la exhibición estrella.
  6. Cada jugador elige una especie animal y recibe la pantalla de animal correspondiente, dos losetas de habilidad y seis figuras de animal. Se coloca la pantalla de pie frente a cada jugador. Las seis figuras de animal se deben colocar delante de la pantalla de manera que la reserva de animales sea visible para todos los jugadores. Las dos losetas de habilidad se encajan en la parte superior de la pantalla.
  7. Cada jugador coge dos fichas de laurel de valor I de la reserva general y las coloca ocultas detrás de su pantalla.
  8. Se escoge de forma aleatoria al jugador inicial.

¡Ya podemos comenzar!

Partida Preparada
Partida Preparada

Desarrollo de la Partida

Una partida de Zoo Vadis se desarrolla a lo largo de una serie de turnos alternados por los jugadores, comenzando por el jugador inicial y continuando en el sentido de las agujas del reloj. En su turno, el jugador activo debe realizar obligatoriamente una de las siguientes cuatro acciones principales:

  • Añadir un animal al zoo. El jugador coge una figura de animal de su reserva personal y la coloca en cualquier espacio vacío de uno de los cuatro recintos iniciales situados en la parte inferior del tablero. Esta acción no se puede elegir si todos los espacios de estos cuatro recintos inferiores ya están ocupados.
  • Avanzar uno de tus animales. El jugador mueve una de sus figuras de animal desde su recinto actual hacia el siguiente recinto siguiendo el camino ascendente. Para poder avanzar, se debe cumplir una de las siguientes dos condiciones:
    • Disponer del apoyo de la mayoría en el recinto que el animal intenta abandonar.
    • Que el peón del Cuidador del Zoo se encuentre exactamente en el camino por el que el animal va a avanzar.
  • Avanzar un pavo real. El jugador mueve una figura de pavo real desde su recinto actual hacia el siguiente recinto siguiendo el camino ascendente. Los pavos reales se mueven libremente y no necesitan apoyos ni mayorías para abandonar un recinto, pero el recinto de destino debe tener al menos un espacio libre. Esta acción otorga inmediatamente al jugador una ficha de laurel de valor I de la reserva.
  • Mover al Cuidador del Zoo. El jugador mueve al Cuidador del Zoo a cualquier espacio de laurel del tablero, apilándolo sobre la ficha de laurel de dicho espacio. El Cuidador permite que cualquier animal avance por ese camino sin necesidad de votos, pero bloquea la obtención de la ficha de laurel que se encuentra debajo mientras permanezca allí.

Tras esto, el turno pasaría al siguiente jugador.

Para resolver los avances de los animales, se deben aplicar las siguientes reglas específicas:

  • Votaciones y Mayorías. Cuando un animal intenta avanzar sin la ayuda del Cuidador, necesita alcanzar el número de votos requerido según el tamaño total del recinto (no según los animales presentes): 2 votos para recintos de tres espacios, 3 votos para recintos de cinco espacios y 4 votos para recintos de siete espacios. Los recintos de un solo espacio otorgan la mayoría de forma automática.
  • Cada animal propio en el recinto otorga 1 voto automático. Para conseguir los votos restantes, el jugador activo debe negociar con los demás jugadores que tengan animales allí o sobornar a los pavos reales presentes entregando una ficha de laurel de valor II o superior a la caja del juego.
  • Negociaciones y Pactos. Los jugadores pueden realizar intercambios y promesas de todo tipo (transferir laureles, votos futuros, movimientos de animales o del Cuidador, o uso de habilidades) en cualquier momento de la partida, incluso si no es su turno. Las promesas que se puedan cumplir en el mismo turno son de obligado cumplimiento, mientras que los pactos para turnos futuros pueden romperse.
  • Obtención de Laureles. Al avanzar un animal fuera de un recinto de tres, cinco o siete espacios, el jugador activo recoge la ficha de laurel del camino (a menos que esté cubierta por el Cuidador) y la esconde tras su pantalla. Dicha ficha se reemplaza inmediatamente por otra nueva extraída al azar de la bolsa.
    Además, los jugadores que hayan aportado votos necesarios para que otro jugador consiga una mayoría reciben una ficha de laurel de valor «I» de la reserva por cada voto prestado, hasta que se agoten las existencias (en caso de que el jugador haya obtenido más votos de los necesarios, el jugador activo decide quiénes reciben las fichas de laurel, además de lo acordado).
  • Habilidades de los Animales. Cada especie dispone de dos losetas de habilidad asimétricas sobre su pantalla. Un jugador puede ofrecer o activar su habilidad durante el turno de otro jugador para ayudarle a realizar una acción a cambio de los beneficios pactados. Al usar una habilidad, el dueño recibe además las fichas de laurel de valor I indicadas en la loseta (0, 1 o 2). Las habilidades usadas se colocan detrás de la pantalla.
  • Si un jugador obtiene una ficha de laurel con acción especial, resuelve dicha acción al final de su turno.

Fin de la Partida

El final de la partida se activa inmediatamente en el momento en que se ocupa el último espacio libre del Recinto de la Estrella. Los espacios de este recinto final se deben rellenar siempre en estricto orden numérico (comenzando por el 1).

Una vez concluido el juego, se procede a determinar al ganador. Solo optan a la victoria aquellos jugadores que hayan conseguido llevar al menos uno de sus animales al Recinto de la Estrella. Cualquier jugador que no tenga presencia en dicho recinto queda completamente descalificado, independientemente de los puntos que tenga.

Entre los jugadores elegibles, se revelan las fichas de laurel acumuladas detrás de las pantallas. El jugador con la mayor puntuación total de laureles es proclamado ganador y elegido Mascota del Zoo. En caso de que se produzca un empate a puntos entre dos o más especies elegibles, el ganador será el jugador cuyo animal haya entrado antes al Recinto de la Estrella, guiándose por el número de espacio más bajo ocupado.


Variantes

Variante Clásica. Los jugadores prescinden por completo de las losetas de habilidad de las especies, las cuales se dejan en la caja. En consecuencia, si un jugador recolecta una ficha de laurel de valor con el símbolo de habilidad, este se trata simplemente como una ficha de laurel normal de dicho valor. Las fichas especiales del cuidador del zoo y del pavo real mantienen sus funciones habituales de bonificación. A pesar de que los pavos reales neutros no existían en el juego original, se recomienda encarecidamente que los jugadores los mantengan en el tablero para asegurar el correcto escalado según el número de participantes. Por lo demás, las reglas de movimiento, votación, obtención de laureles y condiciones de victoria permanecen idénticas al juego base.


Opinión Personal

Una editorial que está haciendo muy bien las cosas es Bitewing Games. Ha encontrado un interesante nicho de mercado en publicar juegos de Reiner Knizia, ya sean nuevos diseños o reediciones de títulos con mucha solera en versiones bastante cuidadas pero sin las locuras en cuanto a producción en las que se embarcan otros sellos.

Hoy vamos a analizar una de esas ediciones que, desafortunadamente, ninguna editorial española ha optado por localizar. Es cierto que es algo bastante comprensible, porque soy de la opinión de que reediciones de juegos antiguos en el circuito de venta tradicional no funcionan.

Al más mínimo aroma a juego viejuno, los nuevos jugadores huyen despavoridos, lo que es una pena, porque, por lo general, son diseños que han recibido una mayor atención en las fases clave de su desarrollo que los juegos que se publican hoy en día, en los que las prisas se notan demasiado.

Detalle Pantalla
Detalle Pantalla

Pero bueno, que me voy por las ramas. Vamos a ver cómo se comporta en mesa Zoo Vadis, una reimplementación de Quo Vadis? de Reiner Knizia. Un juego tan particular dentro de su extensa «ludografía» que es el único que implementa la mecánica de negociación, alejándonos de las subastas y las losetas.

En Zoo Vadis cada jugador va a tomar el control de una especie animal que compite en unas elecciones en el zoo de la ciudad. El objetivo es alcanzar lo antes posible una posición en la gran exhibición final a base de progresar a lo largo de un tablero que muestra una red de caminos que conectan recintos con espacios para una determinada cantidad (siempre impar) de animales.

Mecánicamente el juego no podría ser más sencillo. Cada jugador dispone de un conjunto de peones que irá introduciendo al tablero e intentará hacerlos progresar desde los recintos inferiores hasta la exposición final. En cada uno de sus turnos deberá resolver una de las cuatro acciones principales disponibles, siendo las dos más habituales introducir un peón en un espacio libre de uno de los cuatro recintos inferiores o hacer progresar a uno de sus peones a un recinto conectado siguiendo el sentido del camino, siempre y cuando haya al menos un espacio libre en ese recinto de destino.

Detalle Pavo
Detalle Pavo

La clave del asunto está en que en estas conexiones encontraremos unas fichas de laurel con una cantidad de puntos de victoria comprendida entre dos y cinco (algunas incluso con acciones de bonificación). Al transitar por encima de una de estas piezas, el jugador la reclamará para sí, reponiéndose inmediatamente con una nueva ficha. De esta forma, los jugadores intentarán acumular la mayor cantidad de fichas de laurel, ya que, al final de la partida, ganará quien haya acumulado un mayor valor en total con sus fichas.

Alcanzar la exhibición final no solo supondrá una línea de meta para los peones, que ya no podrán progresar más y, por tanto, no obtendrán más fichas de laurel en lo que resta de partida, sino que será una condición necesaria para poder optar a la victoria. Cuando la partida finalice, algo que ocurrirá al ocuparse el último espacio de la gran exhibición, todos aquellos jugadores que no hayan logrado alcanzarla con al menos uno de sus peones quedarán eliminados y no serán tenidos en cuenta en el recuento de puntos.

Aquí es donde entra en juego la mecánica principal del juego, esto es, la negociación. A la hora de hacer progresar un peón, el jugador deberá conseguir una cantidad mínima de votos entre los presentes en el recinto, teniendo en cuenta que la cantidad dependerá del tamaño del recinto y no de la cantidad de peones que haya en ella. Así, para poder abandonar un recinto de tamaño cinco, se necesitan tres votos.

Los animales propios votan favorablemente, de forma que si, puntualmente, un jugador tuviese esa cantidad de peones en un recinto, podría avanzar sin problemas porque con sus propios peones ya dispone de los votos necesarios. El asunto se complica cuando hay que convencer a otros jugadores.

Detalle Cuidador del Zoo
Detalle Cuidador del Zoo

Lo primero y más importante es que cualquier peón rival que ofrezca un voto ya va a generar una recompensa en forma de una ficha de laurel de valor I, así que estamos ante uno de esos juegos de negociación positiva donde ayudar siempre proporciona una recompensa. Muy en la línea de Chinatown (aquí su tochorreseña). El asunto está en calcular los diferenciales, siendo muy importante que todos los posibles votantes estén atentos a la ficha de laurel que el jugador activo puede ganar en caso de recibir la aprobación de la mayoría.

Si, por ejemplo, en el camino hay una ficha de laurel de valor dos, pedir fichas adicionales seguramente conlleve un «no» por respuesta, pues si el jugador activo además tuviese que transferir aunque fuese una ficha de laurel de valor I a ese votante, dicho votante obtendría dos puntos de victoria (uno de la ficha de laurel que se consigue por dar el voto y otra por la negociación con el jugador), mientras que el jugador activo solo conseguiría aumentar su total de puntos en uno, pues, aunque haya ganado una ficha de valor II, ha perdido una de valor I.

Pero claro, si la ficha a obtener es de valor cinco, ahí los posibles votantes deben apretar las tuercas, porque dejar que el jugador activo consiga ese diferencial puede suponer un golpe demoledor para todos los jugadores, así que habrá que exigir mayores contraprestaciones a cambio de los votos necesarios para avanzar. También es muy importante intentar evitar que un jugador consiga acumular mayorías (o posiciones cercanas a ella), porque gracias a esas situaciones tiene más sencillo hacerse con fichas de puntos de victoria sin oposición de los rivales.

Uno de los elementos que se han añadido en esta versión son los Pavos Reales, que, a efectos prácticos, vienen a funcionar como los puertos en Catan (aquí su tochorreseña), ya que un pavo real vende su voto a cambio de una ficha de laurel de valor II o superior. Así, si el jugador dispone de una ficha de valor II y solo necesita un voto, puede intentar persuadir a alguno de los jugadores con un peón en el recinto que desea abandonar para que le apoye gratuitamente, lo que le reportaría una ficha de valor I y, aunque el jugador activo acabe saliéndose con la suya, ese jugador ha tomado cierta ventaja sobre el resto.

Detalle Tablero
Detalle Tablero

Para terminar de fortalecer la mecánica de negociación, el segundo añadido del juego son las fichas de habilidad. Cada especie dispone de un beneficio particular pero que no será para uso personal, sino que funcionará como moneda de cambio a la hora de solicitar votos o realizar promesas. De esta forma, en muchas situaciones un jugador preferirá negociar con un rival concreto porque su habilidad le interese más que la de otro que también podría ofrecerle su voto.

Por último tenemos la ficha del cuidador del zoo. Que es cierto que tal vez es la acción menos interesante del juego, pero crea situaciones de amenaza muy importantes, ya que si un jugador «pierde» su turno en posicionar la ficha del cuidador en una conexión que le permita transitar sin votos, aun no consiguiendo ficha puede ser un movimiento muy rentable. El problema es que el juego podría entrar en un bucle si los jugadores están continuamente desplazando la ficha para contrarrestar su movimiento. No será habitual, pues los jugadores tenderán a intentar aprovechar la situación para hacer otros movimientos. Pero la posibilidad existe y creo que debería haberse acotado de alguna forma (por ejemplo asumiendo un coste, como ocurre con los pavos reales).

Cuando se entienden todos estos conceptos, la partida se convierte en una verdulería muy divertida en la que todo el mundo intenta sacar la mayor tajada posible en todas las situaciones. Además, la tensión irá creciendo con el paso de los turnos a medida que los jugadores vayan coronando el tablero, asegurándose ser tenidos en cuenta en el recuento final.

Detalle Pantalla
Detalle Pantalla

Y es que, una vez comiencen a ocuparse los espacios en el recinto de destino, aquellos jugadores que aun no lo hayan logrado sentirán la presión con cada turno, pues los jugadores que sí lo hayan conseguido buscarán por todos los medios ocupar espacios adicionales con sus propios peones o, en su defecto, con pavos reales.

Aquí es donde encuentro el mayor defecto del juego. Me refiero a la escalabilidad. Y es que considero que la cantidad de espacios en el recinto final debería ser igual al número de jugadores, por lo que las dos configuraciones que creo que mejor funcionan son a cinco y a siete jugadores (cada una en una cara distinta del tablero principal). En estas configuraciones, un pavo o un peón repetido supone que un jugador se queda sin puntuar, mientras que en el resto de configuraciones hay algo más de margen y se necesita que entren más peones repetidos y/o pavos para alcanzar esta situación. No digo que funcione mal en el resto de configuraciones (aunque mínimo intentaría ser cuatro), pero sí que la presión será menor. Y en un juego con una duración tan ajustada como este, ese mayor margen de maniobra diluye la experiencia de juego.

Y ya que lo menciono, una de sus grandes virtudes es lo poco que dura una partida a Zoo Vadis. Hablamos de que a siete jugadores difícilmente se va a alcanzar la hora de juego. Es un juego tremendamente dinámico, donde los turnos no pueden ser más atómicos y únicamente cuando haya una fase de negociación que implique a mucha gente puede que la partida entre en un pequeño impás, pero serán pocas las ocasiones que esto ocurra. De hecho, muchas veces hay que frenar a la gente para que no tome decisiones precipitadas y ofrezca votos alegremente sin pensar en las consecuencias.

De rejugabilidad el juego va sobrado gracias a sus mecánicas principales, puesto que la negociación se apodera de la partida y los jugadores estarán continuamente intentando persuadirse mutuamente para sacar ventajas. A esto le sumamos la variabilidad que suponen las siete especies, que permiten a los jugadores tomar estrategias distintas en función del conjunto de habilidades de sus rivales, otro motivo por el cual conviene jugar a cinco, que así se quedan dos especies fuera y se generan subconjuntos de habilidades.

Detalle Recinto
Detalle Recinto

Pasemos a la producción. Aquí, como he dicho al comienzo de este apartado de opinión, Bitewing Games cuida mucho sus productos, y nos encontramos con unos peones de grandes dimensiones con impresiones por ambas caras que son tremendamente llamativos. A esto le sumamos unos elementos de cartón de un prensado tal vez mejorable, pero de buen grosor (se destroquelan fácilmente) y unas pantallas de cartulina funcionales. El reglamento está bien estructurado y no deja lugar a dudas.

En el apartado artístico tenemos al bueno de Kwanchai Moriya dotando de gran personalidad al conjunto, tanto en su portada, como en sus componentes. Destaca por una brillante y satírica fusión entre la fábula clásica y la estética de la Antigua Roma, con un toque moderno y caricaturesco. Los animales presenta animales antropomorfizados que llaman la atención, desde un imponente tigre blanco coronado con laureles hasta un cocodrxilo con sombrero de copa, logrando reflejar la pomposidad de la política y la intriga palaciega mediante la moda y la heráldica. Por su parte, el diseño del tablero adopta un enfoque más funcional pero igualmente cuidado, emulando un plano arquitectónico romano entremezclado con la frondosidad de un zoológico. Sin duda, un gran trabajo.

Y vamos cerrando. Zoo Vadis es una propuesta elegantísima que revitaliza con maestría un diseño clásico, apostando por una negociación positiva pura donde cada favor otorgado se convierte en un sutil dilema de intereses combinados. La absoluta sencillez de sus reglas contrasta con la maravillosa capa de psicología y persuasión que se apodera de la mesa, forzando a los jugadores a medir al milímetro cada voto y a lidiar con la asfixiante presión de una carrera por la supervivencia política antes de que se cierre el acceso a la exhibición final. Aunque el diseño del cuidador del zoo se siente ligeramente descafeinado y puede flirtear con situaciones de bloqueo si no se acota con madurez, la extrema atomicidad de los turnos y el ritmo endiablado de sus partidas compensan con creces cualquier fricción. Por todo esto le doy un…

Notable

4 comentarios

  1. Este juego tiene un gran pero, y es ser grupo dependiente a muerte. Lo he jugado con varios grupos y en unos ha sido lo mejor que ha podido pasar y en otros hubiese preferido pegarme con una piedra en la cara. Hay que tener eso en cuenta. Para mí, es maravilloso. Y siempre te vas a encontrar partidas diferentes donde la gente te va a venir con negociaciones que disparatadas queda corto.

    1. Bueno, por definición todos los juegos de negociación son grupo-dependientes, empezando por Catan. Así que nunca lo consideraré un problema y más bien una característica del juego. También lo son los juegos de roles ocultos (por ejemplo)

  2. Cierras la reseña con un párrafo lleno de alabanzas al diseño pero no le das el sobresaliente. Se quedara cerca imagino? Que es lo que le quita el sobresaliente en tu opinión? Un saludo!

    1. Bueno, de entrada que aunque un juego solo se lleve alabanzas, puede no ser sobresaliente. Al final lo importante son las dinámicas. Pero lo digo durante la reseña, el uso del cuidador y que no escala bien.

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