Crónicas Jugonas: Semana 43 del 2020 (19/10 – 25/10)

Aquí estamos una semana más con muchas partidas aunque con poco novedoso que llevarse a la boca. Entre unas cosas y otras solo aparece por primera vez en esta serie de entradas la nueva expansión de Sid Meier’s Civilization: Un Nuevo Amanecer, titulada Terra Incognita, que le añade los elementos que le faltaba a la adaptación más reciente de esa obra maestra de los videojuegos para ser considerado un 4X.

Comenzamos el lunes con una partida a Kulami (aquí su tochorreseña), diseñado por Andreas Kuhnekath. Un abstracto para 2 en el que encontramos un tablero conformado por piezas de 6, 4 y 2 posiciones. Cada jugador dispone de una reserva de canicas de su color y, en cada turno, el jugador deberá colocar una canica en el tablero, cumpliendo la norma básica de que el espacio ocupar tiene que encontrarse en la misma fila o columna que el espacio ocupado por el jugador rival en su turno anterior, no pudiendo ocupar las piezas ocupadas en los dos anteriores turnos (el del rival y el anterior del jugador activo). Los jugadores anotarán puntos igual al tamaño de cada pieza en la que tengan mayoría de canicas (en caso de empate la pieza no proporciona puntos a ningún jugador). A su vez los jugadores compiten por intentar reunir el mayor grupo de canicas conectadas para obtener una bonificación, así como por intentar formar cadenas (líneas rectas, ortogonales o diagonales, de al menos 5 canicas consecutivas). Probablemente la partida más disputada entre la señorita y un servidor gracias a que ella ha logrado completar dos cadenas y hacerse con el grupo más grandes. Sin embargo, volvió a dejarse por el camino la mayoría de piezas de seis espacios y esto le penalizó en el recuento final, aunque es cierto que tuvo en su mano la partida en los últimos movimientos pensando que no lo tenía ganado, dejándome conquistar una última pieza de tres que probablemente me permitió darle la vuelta a la situación. Resultado: victoria de un servidor por 41 a 39. Kulami es de esos abstractos con reglas muy sencillas que alcanzan una profundidad moderada (sin llegar a abrumar) pero en el que cada uno de los turnos tiene una importancia capital, con repercusión tanto en el momento presente como al final de la partida, ya que tiene un importante factor de control de áreas y de establecimiento de patrones. Además, el tablero se configura de forma distinta en cada partida, por lo que es difícil establecer aperturas fijas y le da un punto de variabilidad muy oportuno. El único defecto (pequeño) que le encuentro es que se puede alcanzar la condición de finalización pronto si los jugadores fuerzan demasiado la máquina. Pero por lo demás, es un abstracto con la virtud por bandera, todo en su justa medida.

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Crónicas Jugonas: Semana 42 del 2020 (12/10 – 18/10)

Aquí estamos una semana más para hacer el repaso de lo jugado en los últimos siete días. Solo fallamos el viernes, que no logramos sacar ningún hueco para sentarnos a la mesa. En cuanto a primeras apariciones en esta serie de entradas, esta vez solo tenemos dos títulos: Rock Me Archimedes (un juego a caballo entre juego abstracto y juego de habilidad) y Sumatra (otra de las nuevas apuestas de Ludonova para este otoño, en la que el Doctor Knizia nos invita a darnos un paseo por una de las conocidas islas de Indonesia). Vamos allá.

La semana comenzó con uno de esos dos estrenos, Rock Me Archimedes, diseñado por Matt Buchanan. Un juego de corte abstracto en el que el objetivo de los jugadores es introducir canicas de su color en la zona central y desplazarlos hasta su extremo del tablero (el cual muestra tres carriles), de forma que el primero que logre reunir 4 canicas de su color en este espacio será el ganador. El turno es bien sencillo, o se añade canica a la zona central o se lanza un dado que determina el número de puntos de movimiento a repartir entre las distintas canicas que el jugador posee sobre el tablero. Las canicas podrán saltar a canicas rivales, pero no a canicas propias. La peculiaridad del juego es que el tablero se encontrará sobre una plataforma semiesférica, de forma que el peso de las canicas hará lo hará balancear, añadiendo una condición adicional para la finalización de la partida, ya que si en el turno de un jugador uno de los extremos del tablero toca la mesa, ese jugador perderá automáticamente. Partida en la que el dado fue el gran protagonista del juego, más allá del pedestal. Nunca hubo demasiado riesgo de que alguno de los dos perdiese por que el tablero tocase la mesa porque más o menos ejecutamos movimientos con cautelas. Como digo, en los turnos finales la señorita tuvo un punto de mala suerte obteniendo valores bajos, mientras que yo en el que sería mi turno final obtuve un tres y conseguí colocar mi cuarta canica en mi zona de puntuación. ¡Victoria de un servidor! Esperaba mucho mas de este Rock Me Archimedes, que al final se queda en un diseño más efectista que efectivo, ya que como juego abstracto está cercano a ser una oca. Si, tienes algo de margen para intentar bloquear el progreso del rival, pero al final todo queda relegado a la suerte que uno tenga con los dados, porque no es para nada difícil evaluar si un movimiento va a generar un balanceo extremo de la plataforma. Tal como jugué la partida fue puesto a la venta y ya no se encuentra en mi ludoteca. Con eso lo digo todo.

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Crónicas Jugonas: Semana 41 del 2020 (05/10 – 11/10)

Una nueva semana más aquí estamos con el repaso a lo que hemos jugado en los últimos siete días. Muchísimas partidas y un buen puñado de estrenos: Senshi (un abstracto en el que los jugadores deben competir por recolectar fichas intentando predecir los movimientos de sus rivales), Bonfire (por fin un diseño de peso medio-duro de Stefan Feld que promete dar mucho que hablar), Smartphone Inc. (un económico con una mecánica de programación simultanea de acciones), Polynesia (un juego con mecánica principal de establecimiento de rutas y con condiciones de puntuación variable entre partidas), Trade on the Tigris (un juego de negociación en tiempo real), Influentia (un juego de bazas con efectos adicionales que se activan cuando los jugadores no ganan la baza), Tussie Mussie (un juego con reparto de cartas y draft de la creadora de Wingspan) y Campos de Arroz (un juego con mecánica de colocación de losetas en el que tendremos que encerrar áreas de la forma más optima posible). Vamos al lío que hay mucho de lo que hablar.

Comenzamos la semana con una partida a Nidavellir, diseñado por Serge Laget. Un juego con mecánicas principales de pujas simultaneas (por el orden de turno), draft y colecciones. El objetivo de los jugadores es intentar acumular la mayor cantidad posible de puntos reuniendo cartas de cinco gremios distintos. Cada carta muestra una serie de rangos y, según el tipo, unos valores numéricos. Cada gremio tiene su particular sistema de puntuación. En cada turno encontraremos tres grupos de cartas (cada uno con tantas cartas como jugadores haya en la partida más uno). Los jugadores competirán por el orden de selección configurando unas monedas con valores en su tablero personal. Una vez se han programado todas las monedas, se revelan por filas, de forma que el jugador que colocase la moneda de mayor valor escoge primero una de las cartas. En caso de empate, los jugadores tienen unas gemas que determinan el orden (cuando se recurre a ellas, los jugadores se las intercambian para que la próxima vez sea otro el jugador beneficiado). La partida está estructurada en dos eras. Al final de la primera se evalúa qué jugador posee más rangos de cada tipo, recibiendo un beneficio por ello, mientras que al final de la segunda se evaluarán los puntos que proporciona cada gremio. Como último detalle, cada vez que un jugador consigue completar una fila de rangos (uno de cada tipo), podrá escoger un héroe con características especiales que añadirá a su zona de juego. Partida en la que la señorita pagó la novatada y vio como yo sacaba el rodillo e iba completando conjunto tras conjunto con los que ir consiguiendo líderes. Es cierto que Sandra alcanzó la máxima puntuación en el gremio morado, pero se quedó bastante corta en el resto. Y eso que cuando finalizó la primera mitad y se evaluaron los premios por gremios, la cosa estaba bastante igualada. Pero en la segunda fase terminé de despegar. Resultado: victoria de un servidor por 331 a 253. Nidavellir es un juego con mecánicas principales de draft, colecciones y subastas con pujas secretas y simultaneas. Me ha gustado mucho el concepto de poder mejorar las monedas con las que pujas mediante ese curioso sistema de sumar dos de ellas e intercambiar la de mayor valor por otra que corresponda a esa suma. También es muy gratificante el tema de ir completando filas de rangos para hacernos con personajes exclusivos que habilitan diversos beneficios. Y todo esto en una partida a dos donde la mecánica de la subasta por el orden de selección es como peor funciona al tener mucho más control. A tres jugadores las sensaciones son similares a dos jugadores, ya que el número de cartas que salen en cada taberna es el mismo. Mantiene el nivel y me está resultando bastante entretenido.

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