Crónicas Jugonas: Semana 37 del 2020 (07/09 – 13/09)

Semana con menos partidas de lo esperado, no logrando sacar todo el tiempo que me hubiese gustado para jugar. Además, se nos estropeó la sesión que teníamos planificada en Villa-Yol (Analisis al Cubo). Con todo, hemos podido sacar unos cuantos juegos por primera vez a mesa, a saber: Omen: Heir to the Dunes (una variación de Omen: A Reign of War ambientada en Egipto), Tiny Epic Dinosaurs (una nueva entrega de la saga Tiny Epic en la que gestionaremos un parque de dinosaurios), Noctiluca (un juego con una interesante mecánica de selección para completar objetivos) y Small World of Warcraft (una versión de Small World tematizada en el mundo del videojuego de Blizzard).

Empezamos la semana con una partida a Claim, (aquí su tochorreseña), diseñado por Scott Almes. Un juego de baza para dos que se desarrolla a lo largo de dos fases. Tenemos un mazo en el que hay cinco razas, cada una con una habilidad (que se suele activar a la hora de resolver la baza) y con valores comprendidos entre el 0 y el 9 (salvo alguna excepción). Como siempre, el jugador que abre la baza determina el palo triunfo, estando obligado el rival a asistir. En la primera fase los jugadores reciben una mano de cartas y competirán por conformar la mano que se dispondrá en la segunda fase, revelándose una carta que será el premio por ganar la baza (el otro jugador recibe una carta al azar y oculta al rival). Las cartas utilizadas se sacan de la partida (salvo efectos de algunas cartas). En la segunda fase las cartas ganadas por los jugadores serán las utilizadas en la baza. Al final de la partida, las cartas ganadas se obtendrán por raza. La partida la ganará el jugador que consiga acumular más cartas en al menos tres de las cinco razas (en caso de empate, el voto de una raza va para el jugador con la carta de mayor valor). Partida en la que fui un rodillo absoluto, tanto en la primera fase como en la segunda, donde a las primeras de cambio detecté el punto débil de la señorita con los goblins, teniendo pocos en su mano y tampoco andar sobrada de doppelgangers, por lo que no le quedó más remedio que ir soltando cartas que acababan en mi pila de puntuación. De vez en cuando lograba hacerse con la iniciativa, algo que aprovechaba yo para jugar enanos (no pudiendo asistir) para puntuarlos. La señorita no tuvo opción. Resultado: victoria de un servidor por 4 a 1. Claim es un juego de bazas para dos jugadores que funciona perfectamente gracias a que la partida se encuentra ingeniosamente estructurada en dos partes, una primera en la que se conforma la mano para la segunda, y una segunda en la que las bazas se convierten en puntos para cada una de las razas (palos). Estas razas, a su vez, tienen efectos específicos que se aplican en determinados momentos. Ambos elementos añaden al conjunto la incertidumbre necesaria como para que las partidas se mantengan tensas hasta prácticamente el último turno. El único problema que le encuentro es que el azar entra en juego a dos niveles, pudiendo cebarse con un mismo jugador y no dejándole margen. Pero bueno, es un filler de cartas que no llega a la media hora, por lo que, si esto ocurre, lo mejor es pedir la revancha. No sería la única partida a Claim, aunque ya tenéis aquí el resumen de lo que ofrece.

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Crónicas Jugonas: Semana 36 del 2020 (31/08 – 06/09)

Semana con el último día de jornada intensiva, así que aprovechamos ese lunes para meter una sesión de despedida de estas tardes de verano. Para que la depresión no fuese demasiado intensa, decidimos bajar a Sevilla una semanita para desconectar tras unos cuantos meses sin parar de trabajar. Pero eso sería ya el viernes. Antes, partidas prácticamente todos los días, aunque en esta ocasión no logré sacar ninguna novedad a mesa más allá de la expansión de Nations: Dynasties, que añade nuevas civilizaciones, más cartas y algún que otro concepto.

Comenzamos la semana con una partida a Wizard’s Garden, diseñado por Tim Schutz. Un abstracto para dos en el que los jugadores añaden fichas a doble cara (roja o verde) al tablero intentando conformar líneas de cuatro posiciones. En su turno, el jugador activo añade una ficha de la reserva mostrando el color que quiera en un espacio adyacente ortogonalmente a al menos una pieza ya colocada. Ahora, las piezas que se encuentren ortogonalmente adyacentes deberán voltearse. Tras esto, si se ha conformado una o más líneas del mismo color, el jugador se quedará con una pieza por línea como recompensa y retirará el resto de piezas a la reserva general. Así hasta que no se pueda hacer un movimiento legal porque no haya piezas en la reserva o el tablero se haya limpiado. Partida muy ajustada en la que casi estuvimos a punto de empatar nada más comenzar al lograr ir colocando piezas sin permitir al rival formar una línea de cuatro piezas del mismo color. Pero entonces la señorita cometió un fallo y entró en barrena hasta el punto de que daba la sensación de estar jugando mal a propósito. Al menos anotó el punto de la honrilla. Resultado: victoria de un servidor por 6 a 1. Wizard’s Garden, recuerda a Reversi por aquello de colocar piezas de doble cara y voltearlas como consecuencia de la acción. Sin embargo, en este caso nos encontramos con algo más directo en el que las diagonales también son tenidas en cuenta y que exige cierta capacidad visual para proyectar cómo va a quedar el tablero tras cada movimiento (en las primeras partidas habrá que tener cuidado a la hora de dar marcha atrás y dejarlo todo como estaba). Entretenido.

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Crónicas Jugonas: Semana 35 del 2020 (24/08 – 30/08)

Una semana más, aquí llega el resumen de las partidas de los últimos siete días, incluyendo, como suele ser habitual, un buen puñado de estrenos, a saber: Uxmal (un juego familiar en el que construiremos una pirámide maya), Greener (abstracto para dos en el que los jugadores intentan controlar una serie de pirámides), Colorfox (un filler de cartas en el que se intentan conectar cartas con símbolos coincidentes para conformar conjuntos de palos de distinto color), Iwari (una nueva reimplementación de China de Michael Schacht), Baron Voodo (un juego con un tablero de dados en el que los jugadores intentan capturarlos para conformar conjuntos) y Celtic (una reimplementación de Wunderland en el que los jugadores aprovechan los turnos del resto de jugadores).

El lunes a la hora del café jugamos a Katarenga, diseñado por David Parlett. Un abstracto en el que encontramos un tablero cuadriculado de 8 casillas por lado. Estas casillas muestran uno de cuatro colores posibles. Cada jugador dispondrá de ocho peones que comienzan en la fila más cercana a su posición. ¿El objetivo? Conseguir trasportar 2 peones hasta la fila de inicio rival y emplear un movimiento adicional en ponerlas a salvo. La peculiaridad del juego es que el movimiento (clásico de piezas de ajedrez) asociado al peón dependerá del color de la casilla. Así, el peón podrá funcionar como caballo, alfil, torre o rey. Parece que lo de la semana pasada fue un espejismo, ya que en esta ocasión, la señorita actuó de forma kamikaze, sin analizar cuidadosamente los movimientos que yo tenía disponible a continuación. Así, en muy pocos turnos ya le había eliminado más de la mitad de sus piezas. Preferí mantener un perfil bajo hasta haberla debilitado lo suficiente como para empezar a lanzar mis peones hacia su línea de partida. De todos modos no fue necesario cerrar por esta vía, ya que terminé de dejarle sin peones suficientes como para poder alcanzar la victoria, ganando de esta forma. ¡Victoria de un servidor! Katarenga viene a funcionar como un ajedrez variable que me ha sorprendido. Esa transformación constante de los peones a la hora de evaluar los movimientos genera un caos mental delicioso y no es trivial evaluar los movimientos a la hora de ir cubriendo las posiciones. Además, como plus, el tablero varia de una partida a otra (los cuadrantes pueden rotarse, cambiar de posición y girarse), por lo que es imposible estudiar aperturas y movimientos.

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