Crónicas Jugonas: Semana 36 del 2020 (31/08 – 06/09)

Semana con el último día de jornada intensiva, así que aprovechamos ese lunes para meter una sesión de despedida de estas tardes de verano. Para que la depresión no fuese demasiado intensa, decidimos bajar a Sevilla una semanita para desconectar tras unos cuantos meses sin parar de trabajar. Pero eso sería ya el viernes. Antes, partidas prácticamente todos los días, aunque en esta ocasión no logré sacar ninguna novedad a mesa más allá de la expansión de Nations: Dynasties, que añade nuevas civilizaciones, más cartas y algún que otro concepto.

Comenzamos la semana con una partida a Wizard’s Garden, diseñado por Tim Schutz. Un abstracto para dos en el que los jugadores añaden fichas a doble cara (roja o verde) al tablero intentando conformar líneas de cuatro posiciones. En su turno, el jugador activo añade una ficha de la reserva mostrando el color que quiera en un espacio adyacente ortogonalmente a al menos una pieza ya colocada. Ahora, las piezas que se encuentren ortogonalmente adyacentes deberán voltearse. Tras esto, si se ha conformado una o más líneas del mismo color, el jugador se quedará con una pieza por línea como recompensa y retirará el resto de piezas a la reserva general. Así hasta que no se pueda hacer un movimiento legal porque no haya piezas en la reserva o el tablero se haya limpiado. Partida muy ajustada en la que casi estuvimos a punto de empatar nada más comenzar al lograr ir colocando piezas sin permitir al rival formar una línea de cuatro piezas del mismo color. Pero entonces la señorita cometió un fallo y entró en barrena hasta el punto de que daba la sensación de estar jugando mal a propósito. Al menos anotó el punto de la honrilla. Resultado: victoria de un servidor por 6 a 1. Wizard’s Garden, recuerda a Reversi por aquello de colocar piezas de doble cara y voltearlas como consecuencia de la acción. Sin embargo, en este caso nos encontramos con algo más directo en el que las diagonales también son tenidas en cuenta y que exige cierta capacidad visual para proyectar cómo va a quedar el tablero tras cada movimiento (en las primeras partidas habrá que tener cuidado a la hora de dar marcha atrás y dejarlo todo como estaba). Entretenido.

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Reseña: Conspiracy – Abyss Universe

En las profundidades del océano, la corrupción y la conspiración definen la vida del reino de Abyss. En el centro de la lucha por el poder se encuentra la Asamblea del Senado Oceánico, cuyos integrantes conspiran sin tregua unos contra otros para ganar su influencia. Organiza lo mejor que puedas tu Parlamento y convoca a los Lores más influyentes antes de que tus enemigos logren ponerlos en tu contra. ¿Conseguirás gobernar y tener el control absoluto de la Asamblea?

Así se nos presenta Conspiracy – Abyss Universe, un diseño de Bruno Cathala (Five Tribes, Noah, Cyclades) y Charles Chevallier (Kanagawa, Micropolis, Sultaniya). El juego fue publicado en 2019 por Bombyx en inglés/francés cinco versiones distintas con un color alternativo en la portada. De las ilustraciones se ocupa Pascal Quidault, responsable del aspecto de juegos como Dicium, Claustrophobia 1643 o Hit Z Road.

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Crónicas Jugonas: Semana 35 del 2020 (24/08 – 30/08)

Una semana más, aquí llega el resumen de las partidas de los últimos siete días, incluyendo, como suele ser habitual, un buen puñado de estrenos, a saber: Uxmal (un juego familiar en el que construiremos una pirámide maya), Greener (abstracto para dos en el que los jugadores intentan controlar una serie de pirámides), Colorfox (un filler de cartas en el que se intentan conectar cartas con símbolos coincidentes para conformar conjuntos de palos de distinto color), Iwari (una nueva reimplementación de China de Michael Schacht), Baron Voodo (un juego con un tablero de dados en el que los jugadores intentan capturarlos para conformar conjuntos) y Celtic (una reimplementación de Wunderland en el que los jugadores aprovechan los turnos del resto de jugadores).

El lunes a la hora del café jugamos a Katarenga, diseñado por David Parlett. Un abstracto en el que encontramos un tablero cuadriculado de 8 casillas por lado. Estas casillas muestran uno de cuatro colores posibles. Cada jugador dispondrá de ocho peones que comienzan en la fila más cercana a su posición. ¿El objetivo? Conseguir trasportar 2 peones hasta la fila de inicio rival y emplear un movimiento adicional en ponerlas a salvo. La peculiaridad del juego es que el movimiento (clásico de piezas de ajedrez) asociado al peón dependerá del color de la casilla. Así, el peón podrá funcionar como caballo, alfil, torre o rey. Parece que lo de la semana pasada fue un espejismo, ya que en esta ocasión, la señorita actuó de forma kamikaze, sin analizar cuidadosamente los movimientos que yo tenía disponible a continuación. Así, en muy pocos turnos ya le había eliminado más de la mitad de sus piezas. Preferí mantener un perfil bajo hasta haberla debilitado lo suficiente como para empezar a lanzar mis peones hacia su línea de partida. De todos modos no fue necesario cerrar por esta vía, ya que terminé de dejarle sin peones suficientes como para poder alcanzar la victoria, ganando de esta forma. ¡Victoria de un servidor! Katarenga viene a funcionar como un ajedrez variable que me ha sorprendido. Esa transformación constante de los peones a la hora de evaluar los movimientos genera un caos mental delicioso y no es trivial evaluar los movimientos a la hora de ir cubriendo las posiciones. Además, como plus, el tablero varia de una partida a otra (los cuadrantes pueden rotarse, cambiar de posición y girarse), por lo que es imposible estudiar aperturas y movimientos.

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