Reseña: Cheeky Monkey

Introducción

¡Nos encontramos en un zoo en el que los traviesos monos han liberado a todos los animales! Tu labor será intentar capturarlos, a ser posible en grupos. Podrás intentar atrapar tantos animales como quieras, pero no seas demasiado atrevido o los animales volverán a escaparse. Cheeky Monkey asegura horas de diversión para todos, ya sean viejos y sabios elefantes o jóvenes cachorros.

Portada

Así se nos presenta este Cheeky Monkey, un diseño del gran Reiner Knizia (Taj Mahal, Tigris & Éufrates, Ra, Medici). El juego se publicó por primera vez en 2007 por Face2Face Games. Posteriormente recibiría una segunda edición, cambio de nombre a Monkey Business, por Piatnik. Y la última correría a cargo de Eagle-Gryphon Games, con un curioso empaquetado en forma de peluche de mono. De las ilustraciones se encargó Bob Haime (su única incursión en el mundo de los juegos de mesa) y Rob Walker (Bucket Brigade o Genesis).

El juego no se encuentra disponible en nuestro país, por lo que tendréis que tirar de importación si queréis haceros con una copia (es completamente independiente del idioma, a excepción del reglamento). Permite partidas de 2 a 6 jugadores, con una edad mínima sugerida de 6 años y una duración aproximada de 15 minutos. El precio de compra recomendado es de 15€. Para esta reseña se ha utilizado una copia de la segunda edición de Piatnik.

Contraportada

Importante: si ya conoces el juego y/o sólo te interesa mi opinión sobre el mismo, puedes pasar directamente al apartado de Opinión. Los apartados Contenido y Mecánica están destinados especialmente a aquellos que no conocen el juego y prefieren hacerse una idea general de cómo funciona.

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Contenido

Dentro de una caja de cartón de dos piezas (tapa y fondo), de dimensiones 16,5×16,5×6 cm. (caja cuadrada pequeña de dimensiones poco habituales), encontramos los siguientes elementos:

  • 52 Fichas de Animales (de plástico)
  • 8 Losetas de Bonificación (de cartón)
  • Bolsa (de tela)
  • Reglamento
Contenido

 

Mecánica

Cheeky Monkey es un juego de forzar la suerte en el que los jugadores intentarán acumular la máxima cantidad posible de fichas de animales. En su turno, el jugador deberá extraer estas fichas de una bolsa, de una en una. Estas fichas muestran uno de los 8 animales que hay en juego (con diversa cantidad de fichas cada uno). El jugador puede continuar sacando fichas, y arriesgarse a perder todas las fichas extraídas, si saca un animal repetido, o plantarse, consolidando todas las fichas extraídas y colocándolas en su pila en cualquier orden. Cuando se saque una ficha, si la que se encuentra en la parte superior de la pila de los demás jugadores es coincidente con el animal de la ficha extraída, el jugador en turno robará dichas fichas (pudiendo robar varias veces a un mismo jugador si el mismo tipo de ficha está apilado de seguido). Los monos tienen una función alternativa que permite permutarla por la ficha superior de la pila de otro jugador. Al final de la partida hay una bonificación para cada animal, proporcionando al que más fichas de cada tipo tenga tantos puntos como total de fichas de animales hay en la bolsa.

 

Conceptos Básicos

El elemento principal del juego son las Fichas de Animal. Son unas fichas de plástico que muestran por ambas caras uno de los 8 animales incluidos en el juego (en esta edición: elefante, león, jirafa, cebra, serpiente, loro, pingüino y mono). De cada tipo de animal habrá un numero distinto de fichas, desde 3 que tiene el elefante hasta 10 que tiene el mono.

Fichas de Animales

El mecanismo básico del juego será forzar la suerte, de forma que en cada turno los jugadores extraerán fichas de una bolsa, de una en una, y decidirán cuando se planta para consolidar lo extraído, ya que si se repite animal se devolverá a la bolsa todo lo extraído. Al pasar, los animales se consolidan en una pila, existiendo el riesgo de que el resto de jugadores puedan robarlos. Mención especial al mono, que tiene una regla especial.

Por otro lado, tenemos las Losetas de Bonificación, una por cada tipo de animal y que muestran en sus esquinas el número de animales de dicho tipo que hay en la bolsa. Al final de la partida estas losetas se podrán obtener si se es el jugador que haya acumulado más fichas de ese tipo de animal, proporcionando tantos puntos de victoria como indique la loseta.

Losetas de Bonificación

Con esto tenemos suficiente.

 

Preparación de la Partida

  1. Se colocan las 8 losetas de animales en el centro de la mesa.
  2. Se introducen en la bolsa las 52 fichas de animales y se remueven bien.
  3. Finalmente, se escoge al jugador inicial de forma aleatoria.

¡Ya podemos comenzar!

Partida Preparada

 

Desarrollo de la Partida

Una partida de Cheeky Monkey se desarrolla a lo largo de un número indeterminado de turnos, comenzando por el jugador inicial y continuando en el sentido de las agujas del reloj.

En su turno el jugador debe meter la mano en la bolsa y extraer una ficha de animal de la misma y colocarla sobre su zona de juego. A continuación, tiene dos opciones:

  • Plantarse. En este caso, el jugador reordenará las fichas obtenidas en este turno (tanto extraídas como robadas), colocándolas sobre su pila de animales capturados.
    • Como excepción, si todos los animales capturados por un jugador en un turno son del mismo tipo, el jugador puede colocar todos estos animales debajo de su pila (en vez de arriba).
  • Sacar una nueva ficha. Si la ficha es de un animal distinto a los que se encuentren sobre la zona de juego (sin incluir al que queda en la parte superior de la pila del jugador), el jugador vuelve a tomar la decisión de si sacar una nueva ficha o plantarse. Por contra, si el animal ya se encontraba en su zona de juego, el jugador pierde el turno y todas las fichas que se encuentren en su zona de juego deben devolverse a la bolsa. Además, hay que tener en cuenta las siguientes reglas:
    • Si un jugador extra una ficha de animal que coincida con la ficha visible en una o varias de las pilas de sus rivales, el jugador robará estas fichas y las colocará en su zona de juego (como si las hubiese extraído de la bolsa). Si en una pila hay varios animales de este tipo seguidos, se roban todos.
    • Si un jugador extrae un mono, puede optar por actuar normalmente (según el punto anterior), o bien sustituir al mono por un animal visible en la pila de otro jugador que no sea un mono.

Tras pasar o perder el turno, este pasa al jugador de la izquierda.

 

Fin de la Partida

La partida finaliza cuando un jugador extrae la última ficha de la bolsa. Los jugadores despliegan las fichas de sus pilas y los organizan por tipo de animal. El jugador que posea mayoría de un tipo de animal ganará la loseta de dicho tipo de animal (en caso de empate nadie gana la loseta).

Los jugadores suman las cantidades indicadas en las losetas obtenidas más un punto por cada ficha que hayan acumulado (independientemente del tipo de animal).

El jugador con más puntos de victoria seré el vencedor. En caso de empate, el ganador será el que posea la loseta de mayor valor.

 

Variantes

  • Jóvenes Jugadores: no se utilizan las losetas de animal, de forma que solo se puntuará por las fichas obtenidas y ganará aquel que finalice la partida con la pila más alta.
  • Niños Pequeños: se retiran fichas (las 9 de pingüino y, si se cree conveniente, las 8 de loro) y no se utiliza la regla especial del mono.

 

Opinión Personal

Le debemos mucho al Doctor Reiner Knizia. Uno de los máximos exponentes de la industria lúdica moderna que nos ha legado una impresionante cantidad de juegos. Obviamente, no todos son imprescindibles (alguno que otro sí), pero no es menos cierto que no nos basta con los dedos de las dos manos para contabilizar títulos destacables, algo a lo que difícilmente alcanzará cualquier autor que comenzase su carrera en el mundillo del 2010 en adelante. Por supuesto que todo es posible, pero con el ritmo que impone el mercado los productos no llegan suficientemente madurados como para acercarse a grandes juegos como Tigris & Éufrates (aquí su tochorreseña), Samurai (aquí su tochorreseña) o Ra (aquí su tochorreseña).

Detalle Bolsa

Al bueno de Reiner se le tilda de maestro de la fritanga, muchas veces con razón. Pero hay veces que está justificado el darle vueltas a un mismo concepto hasta dar con un concepto bien pulido, sin fisuras. El juego que hoy nos ocupa se encuentra en este grupo de juegos, más concretamente en los fillers con mecánica de forzar la suerte como eje central, donde, probablemente, el más conocido sea Piko Piko el Gusanito (aquí su tochorreseña), que fue publicado allá por 2005.

Tan solo dos años después, el señor Knizia publicó el juego que hoy nos ocupa, Cheeky Monkey, con un proceso bastante similar. En ambos juegos el objetivo de los jugadores es acumular una serie de fichas que proporcionan puntos. Estas fichas se irán colocando unas encima de otras para formar una pila, de forma que el elemento superior de la misma estará expuesto a ataques de los rivales, que, ante una jugada afortunada, podrán robárnosla y añadirla a su pila personal.

La mecánica central para conseguir estos elementos y, eventualmente, robar a los demás, es el famoso push your luck o, en la lengua de Cervantes, forzar la suerte. Esto es, que un jugador mediante la acción principal alcance algo y deba decidir si lo arriesga todo para obtener un beneficio mayor. En Cheeky Monkey será algo tan sencillo como meter la mano en una bolsa y extraer una ficha que mostrar a uno de los ocho tipos de animales. Cada una de estas fichas valdrá un punto, independientemente del tipo de animal, así que el objetivo fundamental será acumular el máximo posible de estas fichas.

¿Dónde está el riesgo? Pues, al igual que en Port Royal (aquí su tochorreseña), publicado muchos años después, el turno acabará prematuramente para desgracia del jugador si se extrae de la bolsa una ficha con un tipo de animal que se encuentre en la zona de juego, esto es, dentro del botín acumulado durante el propio turno (no se tiene en cuenta las fichas que están consolidadas en la pila).

Ya con esto tenemos juego, pues la distribución de las fichas no es homogénea, esto es, de cada tipo de animal hay una cantidad distinta dentro de la bolsa, desde el que menos representación tiene, el elefante en mi edición, con solo 3 unidades, hasta el mono, el rey del juego, con 10. Es decir, en función de los animales que se vayan extrayendo de la bolsa, podemos jugar con las probabilidades de que extraigamos uno u otro tipo.

Para elevar el nivel de complejidad a la hora de controlar la partida, es importante la componente de memoria de cara a tener un recuento exacto de cuantas fichas de cada tipo de animal queda en la bolsa. No es lo mismo sacar un pingüino cuando están casi todos en la bolsa a cuando ya se encuentran escondidos en las pilas de los jugadores.

¿Y ya está? Afortunadamente no. Los jugadores tendrán premio al final si juegan con cierta estrategia, ya que ser el jugador con más fichas de un tipo de animal permitirá ganar la loseta de dicho tipo de animal, anotando la cantidad indicada en la loseta (que coincide con el número de fichas de ese animal en juego). De esta forma los jugadores tendrán que intentar obtener la mayoría del máximo tipo de animales, elevando el valor de dichas fichas.

Aquí ocurre algo curioso, y es que cuanto mayor es el número de piezas de un animal, más importante es la recompensa de la loseta. Pongo algunos números. Conseguir la mayoría con el elefante requiere acumular 2 de las 3 fichas en juego. En este caso, el jugador anotaría 2 puntos por las fichas más 3 puntos por la loseta, lo que haría un total de 2,5 puntos por ficha. Si nos vamos al caso de los pingüinos, la mayoría se obtiene con 5 fichas, obteniendo en este caso 14 puntos (9 por la loseta y 5 por las fichas), resultando una ganancia de 2,8 puntos por ficha. La partida está en estas losetas.

Detalle Zona del Jugador

Por eso gana muchísima importancia la regla de robo, que es la que aporta interacción al juego, aunque sea una interacción aleatoria. Y es que, si el tipo de animal mostrado en la ficha extraída de la bolsa coincide con uno o más de los animales colocados en la parte superior de las pilas de los rivales, todas esas fichas serán sustraídas y acaparadas por el jugador en turno, para lamento de sus anteriores dueños. Un elemento más a la hora de decidir si volver a meter la mano en la bolsa o no en función de lo que tengamos ya sobre la zona de juego.

Y también es relevante el orden en el que coloquemos las fichas en nuestra pila una vez que consolidemos el turno. ¿Ponemos una ficha de un tipo de animal del que queden pocas unidades en la bolsa? ¿O colocamos uno con mucha probabilidad de robo para intentar proteger fichas más valiosas para nosotros según lo acumulado? Además, hay que tener cuidado de no apilar dos animales seguidos para evitar un robo múltiple, aunque en más de una ocasión no nos quedará más remedio.

Seguramente alguno estará pensando que vaya tontería acabo de decir. Que lo óptimo es siempre colocar al animal menos probable porque puede incluso que no queden en la bolsa, salvaguardando la pila. Aquí es donde entra la norma que redondea y da título al juego. Y es que cuando se robe un mono podremos, de forma alternativa a robar otros monos (si hubiese), permutar dicho mono por una ficha de la parte superior de una pila rival (que no sea un mono, obviamente). De nuevo, mas variables a tener en cuenta a la hora de contar fichas y tener una imagen mental de cómo están repartidos los animales en las distintas pilas. Además, les aporta el picante justo a los turnos, ya que es algo sublime ir colocando monos (al permutarlo podemos sacar otro mono porque ya no está en nuestra zona de juego) y, como jugada final, sacar otro mono que nos permita robar todos los que hemos colocado.

Por supuesto, lo mejor del juego son las situaciones que se generan en la mesa. Por un lado, creciente en cada turno si el jugador se arriesga, especialmente en momentos en los que tiene bastante acumulado en la zona de juego. También cuando los jugadores que se queden rezagados fuerzan al máximo para intentar remontar, llegando a causar delirio cuando la suerte se ceba con uno de estos jugadores, que casi no puedan jugar por sacar parejas de animales turno tras turno. Lo mismo cuando alguien que no está afortunado consigue apilar algunos animales para, acto seguido, ver como se queda sin ellos porque entre el resto de jugadores le limpian la pila.

En mi opinión, es un diseño pulido, carente de aristas y que funciona a las mil maravillas, ya tengas jovenzuelos que apenas se han sentado a disfrutar de juegos de mesa (incluso con los más pequeños, aplicando las variantes), como ya creciditos y experimentados, los cuales dejan salir a pasear al ludópata que uno lleva dentro. Ver a este tipo de jugadores engorilarse cuando las cosas salen mal es toda una delicia. Nada más que por esto ya merece la pena incluirlo en la colección (pocos son los juegos que hacen disfrutar a jugadores tan diversos).

Por cómo funciona en mesa, considero que supera a Piko Piko el Gusanito, ya que la importancia del azar es similar (aunque el juego de bloqueo de dados es muy interesante), pero el ritmo de la partida es frenético, lo que atenúa frustraciones. Uno de esos diseños que uno no entiende como no ha sido reimpreso una y otra vez.

En cuanto a la escalabilidad, lo cierto es que el juego funciona más que bien de cuatro jugadores en adelante, ya que el reparto de los animales es más interesante y no resulta sencillo hacerse con una mayoría. Además, cuando se saca un mono de la bolsa hay muchos a los que permutar la ficha superior y las probabilidades de robar son altas, ya que los jugadores intentarán no poner en la parte superior de la pila un mismo animal que el mostrado en la de otros jugadores para intentar evitar que el siguiente jugador se lleve el premio gordo. Encima el entreturno es prácticamente inexistente. A 2 o 3 jugadores todos estos aspectos se atenúan o, incluso, desaparecen. A valores bajos si veo más interesante el Piko Piko el Gusanito, que además se recrea un poco más con las sucesivas tiradas de dados (lo que lo alarga demasiado a muchos jugadores).

Obviamente es de esos juegos de los que no hay que abusar, algo complicado ya que, como buen push your luck, el juego engancha y es casi imposible jugar solo una partida. Es perfecto para jugar entre partidas de mayor consistencia o para llevárselo en el bolsillo por si surge la ocasión. Pero lo dicho, sin abusar, que podemos acabar de los monos hasta la coronilla.

Pasemos a la edición. La estrella del juego son las fichas que, en mi versión, son de un plástico no muy denso que recuerda al material de las pistolas de agua de antaño (no las obras de ingeniería belico-acuatica de hoy en día). No es que sea algo especialmente malo, ya que aguantan bien el trote y no pesan mucho. Pero habría sido un lujazo disponer de fichas de más gramaje. Las losetas de cartón son de un grosor adecuado y se destroquelan fácilmente. El reglamento es claro y conciso, sin dejar lugar a dudas.

Detalle Losetas

Sin duda el arte es el aspecto que más deja que desear en este Cheeky Monkey, con unas ilustraciones dignas de un niño de primaria. Es cierto que son muy amigables y permiten reconocer rápidamente los animales (salvo el loro y el pingüino, que además de ser aves, tienen casi el mismo tono de fondo). Sueño con una reedición con una portada llamativa y fichas de mayor densidad.

Y vamos cerrando. Cheeky Monkey es un juego de forzar la suerte tan simple como efectivo. Con un par de normas ya tienes a todo el mundo enganchado a sacar fichas de la bolsa rezando por no repetir, permitiendo el disfrute de todo tipo de jugadores, incluido los más pequeños. Obviamente hay que tener cuidado con no abusar de él pues, como buen filler, podemos acabar hasta el gorro de los monos. Pero es un señor filler al que es imposible no repetir partida. Por todo esto le doy un…

Sobresaliente

9 comentarios en “Reseña: Cheeky Monkey”

  1. Estoy de acuerdo en todo. A mí el juego me tocó el año pasado en el concurso que organizaba el blog Tableronne (escogí este entre varios porque Neiban decía que era un juegaco) y nos divierte mucho. Se lo saco a mis sobrinos más mayores, muchachos de estos a los que es casi imposible separar de un ordenador o de una tablet, y no veas qué risotadas se organizan en las partidas. Es un jueguecillo que triunfa con cualquiera y, sí, ojalá que saliera una edición con una fichacas como las de Splendor, por ejemplo. Un saludo

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    • Eso sería un auténtico pelotazo. Con las medianías que salen hoy en día, una reedición de este Cheeky Monkey sería un éxito.

      Un saludo y gracias!

  2. ¿Os pasa que se alarga mucho el juego? No se si estoy jugando con las reglas mal, pero cada vez que juego se va a una hora…

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    • Que va. Hombre, salvo que no paréis de arriesgar y casi nadie consolide… Pero no se nos va nunga por encima de 20 minutos.

  3. Mira lo que has conseguido Iván… Con tu insistencia con este juego, al final me lo he comprado. Y me alegro! Me lo paso bomba con este jueguecito! Gracias!

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