Reseña: Happy Salmon

Introducción

Happy Salmon es un juego de cartas, sencillo rápido, fácilmente transportable y tremendamente divertido. Los jugadores compartirán gestos como “Chocar los 5”, “Chocar los puños”, permutarse o el delicioso “Happy Salmon”. ¡Los jugadores se troncharán de risa! ¡El juego más happy de todos los tiempos!

Empaquetado

Así se nos presenta este Happy Salmon, un diseño de Ken Gruhl y Quentin Weir, responsables de otros títulos como Dungeon of Fortune o Cup-A-Cup. El juego se publicó en 2016 de la mano de North Star Games. Del aspecto visual se encarga Linda DeSantis.

El juego no se encuentra disponible en nuestro país, por lo que tendréis que tirar de importación si queréis haceros con una copia. Aunque los conceptos que se utilizan están en inglés, tienen un significado simbólico, por lo que considero que no es dependiente del idioma. Permite partidas de 3 a 6 jugadores, con una edad mínima sugerida de 6 años y una duración aproximada de 2 minutos por partida. El precio de compra recomendado es de 14,99 €. Para esta reseña se ha utilizado una copia de la edición en inglés de North Star Games.

Importante: si ya conoces el juego y/o sólo te interesa mi opinión sobre el mismo, puedes pasar directamente al apartado de Opinión. Los apartados Contenido y Mecánica están destinados especialmente a aquellos que no conocen el juego y prefieren hacerse una idea general de cómo funciona.

Ir a la Opinión Personal

 

Contenido

Dentro de un estuche de gomaespuma con cremallera, de dimensiones 21,6×4,6×14 cm. (como si fuese un estuche de lápices), encontramos los siguientes elementos:

  • 72 Cartas (46×80 mm.) (12 de cada uno de los 6 colores: azul, rojo, naranja, verde, morado y celeste)
  • Reglamento
Contenido

 

Mecánica

Happy Salmon es un juego para todos los públicos de acción simultánea en el que cada jugador intentará deshacerse de un mazo de 12 cartas. Cada una de estas cartas muestra una acción que deberá compartir con otro jugador que posea esta carta en mano para que ambos puedan descartarla. El primer jugador en descartar las 12 cartas será el vencedor.

 

Conceptos Básicos

El único elemento en este diseño son las cartas. Cada jugador dispone de un mazo de 12 cartas, con 3 copias de cada uno de los 4 tipos distintos. Cada uno de estos tipos muestra una acción que los jugadores deberán ejecutar con otro compañero para poder descartarla.

Cartas

Listo, nada más que explicar.

 

Preparación de la Partida

  1. Cada jugador elige un color y recibe las 12 cartas correspondientes.
  2. Cada uno baraja su mazo y lo sostiene en su mano bocabajo.
  3. Finalmente, un jugador da el pistoletazo de salida y todos los jugadores giran su mazo para comenzar la partida.
Partida Preparada

 

Desarrollo de la Partida

Una partida de Happy Salmon se desarrolla en un corto intervalo de tiempo hasta que algún jugador consigue alcanzar la meta establecida.

Durante la partida, los jugadores intentarán descartar la carta superior de su mazo buscando a un compañero con el que compartir el gesto indicado en la misma. Para ello, el jugador dirá en voz alta la acción para la que busca compañero. Cuando completen el gesto, ambos jugadores descartan la carta y continúan con la siguiente.

Si un jugador no consigue encontrar un compañero con el que ejecutar la acción, puede pasar la carta al fondo del mazo y continuar con la siguiente.

Los gestos que se encuentran en las cartas son:

  • High Five (Chocar los Cinco): dos jugadores deben chocar sus palmas abiertas.
  • Pound It (Chocar los Puños): dos jugadores deben chocar sus puños cerrados como si diesen un puñetazo.
  • Switcheroo (Permutar): dos jugadores deben intercambiar su posición en la zona de juego. No podrán descartar la carta hasta que hayan alcanzado su nueva ubicación.
  • Happy Salmon (El Salmon Feliz): cada jugador dará palmas con una mano sobre el antebrazo del otro jugador con el que comparten la acción.

 

Fin de la Partida

La partida finaliza en el momento que un jugador se queda sin cartas, proclamándose vencedor. Si dos jugadores consiguen quedarse sin cartas a la vez, ambos se consideran vencedores.

 

Variantes

Juego Silencioso: la mecánica es exactamente la misma, aunque ahora los jugadores no podrán hablar durante la partida. Solo podrán gesticular.

 

Opinión Personal

Cada cierto tiempo irrumpe con fuerza en la comunidad lúdica española algún título que, sin saber muy bien por qué, alcanza cierta repercusión. El boca a boca funciona y, al final, acaba en muchas ludotecas teniendo sus momentos de gloria. Puede que Happy Salmon sea un nuevo caso. Vamos a ver por qué.

Como ya he dicho en muchas ocasiones, en lo más profundo de nuestro ser sigue existiendo ese niño pequeño que disfruta con juegos o juguetes que, a priori, ya sea por su aspecto infantil o por su simple mecánica, no debería llamar nuestra atención. Son diseños en principio enfocados a los más pequeños, pero que funcionan con los más creciditos. Son juegos que permiten reunir a toda la familiar alrededor de la mesa, sin reglamentos complicados. Dos ideas, a veces muy tontas, que, sorprendentemente, funcionan y consiguen su objetivo. Incluso, más de una vez serán disfrutados únicamente por mayores de edad junto a la ya clásica expansión de “Bebidas Espirituosas”, para terminar de liberar al infante ese escondemos. Juegos como Super Rhino! (aquí su tochorreseña) o Looping Louie (aquí su tochorreseña).

En esto que aparece Happy Salmon, con un empaquetado que es toda una declaración de intenciones. Lejos de las aburridas cajas de cartón de dos piezas (o las heréticas cajas de cartón de una pieza con tapa abatible), nos encontramos con lo que podría parecer el estuche de lápices de colores con la forma de un pequeño y adorable salmón de gomaespuma. Abres la cremallera y extraes un mazo de cartas y un pequeño prospecto como reglamento, el cual se leen sin necesidad de parpadear para hidratar nuestros globos oculares (alguno me dirá que tome nota y no abuse a la hora de redactar… ¡Se siente!).

Más simple que el mecanismo de un botijo: cada jugador dispondrá de un mazo de 12 cartas idéntico al resto, con 4 tipos de cartas que se repiten 3 veces. ¿El objetivo? Ser el más rápido en conseguir deshacerse del mazo completo. ¿Cómo? Ejecutando las acciones que las cartas indican. ¿Dónde está la gracia? Pues que las acciones no se llevan a cabo en solitario, sino que requieren de un segundo jugador con el que “compartirla”.

Si os habéis leído la mecánica (venga, que esta vez es poco texto), habréis visto que estas acciones son: chocar los cinco (chocar las palmas), chocar los puños, permutar la posición de los jugadores en la mesa y hacer el “Happy Salmon”, que vendría a ser la forma que tienen los salmones de darse la mano, golpeándose los antebrazos a falta de manos.

Batiburrillo de Cartas

Todo esto, por supuesto, de forma simultánea, como si de una lonja con el pescado fresco recién llegado, esto es, a viva voz, suplicando por ese compañero que necesitamos para compartir el gesto. ¿Y esto es para tanto? Pues, puede que sí, puede que no. En mi caso el juego ha sido un rotundo éxito, aunque he de matizar. Empezaré por lo que me gusta.

En primer lugar, me parece sorprendente la capacidad de Happy Salmon para alterar nuestra percepción del espacio-tiempo. Pone a prueba nuestros sentidos. Como si de una carrera de 100 metros se tratase, los instantes previos a girar el mazo pareciese como si el mundo se parase, con el cuerpo en tensión. Cuando se da el pistoletazo de salida todo se desmadra y los jugadores empiezan a mirar a uno y otro lado, buscando y buscando alguien con quien chocar los cinco o, para gloria máxima, hacer un “Happy Salmon”.

Para un observador externo todo ocurre muy deprisa, en uno o dos minutos queda finiquitado el asunto, pero para el que se encuentra en el ojo del huracán es una pequeña montaña rusa de sensaciones. Cada vez que logramos completar una acción es un paso más hacia la victoria. Una inyección de adrenalina y endorfinas que nos alegra, sobre todo porque lo compartimos con un compañero. Ambos nos alegramos de haber chocado los puños. Pero, sin tiempo para relajarse, nos toca afrontar la siguiente carta, y vuelta a empezar. También hay cabida para pequeños momentos de desesperación, cuando tenemos un gesto y no aparece nadie que nos secunde. Con voz rasgada y llevando al límite nuestra capacidad vocal, nos sentiremos como un fantasma en medio de un grupo. Como si no existiésemos. Especialmente desesperante puede llegar a ser ver que tienes el mismo gesto que otros dos y no resultas elegido casi nunca. Pero bueno, se cambia de carta y se reintenta.

Otro de los aspectos positivos es que la dinámica que se genera no deja pie al análisis. Tú quieres quitarte de encima tus cartas, y te da igual con quien. No te paras a evaluar si el jugador con el que vas a compartir el gesto tiene más o menos cartas que tú, ya que esto te restaría agilidad a la hora de cazar al vuelo las oportunidades de llevar a cabo tus acciones.

Así, con una mezcla de suerte y agilidad, las partidas se resuelven. El ganador tendrá el premio final, mientras que el resto no podrán evitar sentir una ligera decepción, sobre todo porque uno no tiene la sensación de haber hecho algo especialmente mal. Esto me parece muy importante. Algo parecido a lo que ocurre en otros juegos como podría ser Strike (aquí su tochorreseña), lo importante no es el resultado, sino lo que ocurre durante la partida. Esto es importante tenerlo en cuenta, ya que puede generar rechazo en muchos jugadores.

Un posible aspecto negativo es el del jaleo que se forma durante esos dos minutos, lo que puede ser un problema en determinadas circunstancias. Es por esto que se incluye la variante silenciosa. Esta no modifica la mecánica de juego, sino que simplemente impide a los jugadores hablar. Las sensaciones son las mismas, aunque los jugadores tendrán que apañárselas para llamar la atención de sus compañeros para hacerles saber que tienen la misma acción. Para un observador externo es doblemente tronchante, pues parece un espectáculo de mimos borrachos a cámara rápida.

Otro pequeño aspecto negativo del juego es la escalabilidad. El disfrute es mayor cuantos más jugadores hay en la mesa. Y si pudiesen jugar 8, mejor que mejor. No me parece nada descabellado comprar una segunda copia y poner a 12 jugadores a corretear alrededor de una mesa de jardín de buenas proporciones. A 5 jugadores aun funciona bien el asunto, aunque ya a 4 jugadores hay menos bullicio y solo tienes que estar pendiente de 3 jugadores. A 3 jugadores ni siquiera me plantearía jugar.

También hay que tener en cuenta la componente física del juego. Durante esos dos minutos estás en tensión, saltas, corres, meneas los brazos a velocidades que no creías posible. Para cierto grupo de jugadores esto puede generar rechazo. Los juegos de mesa son algo para disfrutar en tranquilidad y sin sobresaltos, y Happy Salmon es justo lo contrario. Si sois de esos que no soportáis las algarabías infantiles, alejaos de él. También es importante controlarse si en la partida hay niños y mayores, ya que la efusividad puede producir algún pequeño accidente a la hora de chocar manos o cambiar de posición.

La rejugabilidad es máxima. Es de esos juegos que es imposible echar una única partida, y los revanchismos serán una constante, sobre todo por lo comentado anteriormente. Como no hay nada especial que uno pueda hacer para ganar, más que llamar la atención y moverse ágilmente, uno no puede evitar solicitar una nueva partida cuando no se proclama vencedor. Además, lo normal será alternar los modos de juego para una mayor riqueza de sensaciones (además de poder descansar la garganta en algunas partidas).

Detalle Happy Salmon

La edición es otro de los aspectos que llaman la atención positivamente. Al curioso empaquetado ya comentado, se le añade una calidad de cartas exagerada. Con un gramaje nunca visto y un acabado brillante bastante agradable, nos encontramos con un juego diseñado para soportar bastantes partidas. Aun así, yo he acabado enfundándolo. Ahora tengo un salmón bastante regordete (cuesta guardar el mazo). El reglamento es claro y no deja lugar a dudas (algo que habría sido para suspender a la editorial).

El aspecto grafico produce sensaciones encontradas. Por un lado, el reverso de las cartas es más que aceptable. Sin embargo, el frontal a veces se antoja algo pobre. Las ilustraciones de las acciones podrían haber estado algo más trabajadas. Pero, una vez le has echado un par de partidas, les coges cierto cariño a esos salmones y ya te da igual todo. Si que es remarcable el detalle de haber aplicado un motivo de tramas distinto a cada color para que sea más facil diferenciarlos, ya que hay algunos tonos muy cercanos.

Y vamos cerrando. Happy Salmon es un juego para toda la familia que pone a prueba tu agilidad y capacidad de concentración. Tienes que intentar ser el primero en deshacerte de unas cartas compartiendo los gestos que en ella se indican con el resto de jugadores. Un juego de acción simultanea trepidante y tremendamente divertido, tanto para los que juegan como para los que observan. Lo peor que se puede decir de él es que el final de la partida es casi anecdótico, lo interesante es lo que ocurre durante su desarrollo, además de que no escala del todo bien. Por todo esto le doy un…

Notable

Si te ha sido útil lo que has leído

¡Ayúdame a mantener el blog!

6 comentarios en “Reseña: Happy Salmon”

    • No creo que llegue a tanto porque este requiere que los frikers se pongan a corretear alrededor de la mesa y se harten de gritar. Hay un sector de la afición a la que eso no le va a motivar especialmente. Entraría dentro de los juegos tipo Speed Cups. A mi me parece muy recomendable y muy divertido.

  1. Fantástica reseña de un juego que nos ha lkegado estas Navidades. Ayuda, y mucho, para plantearlo también en el ámbito educativo.

    Responder

Deja un comentario