Crónicas Jugonas: Semana 15 del 2015 (06/04 – 12/04)

Bueno. Una semana mas aquí estamos para contar lo acontecido durante los últimos siete días, lúdicamente hablando, claro está.

El lunes me llevé para después del almuerzo uno de los estrenos de la semana pasada, el Raj de Alex Randolph. Un juego de acción simultánea, memoria y cierto puteo que recuerda en mucho a ¡Toma 6!, pero con partidas mucho más directas y reducidas en tiempo. Cada jugador dispone de quince cartas numeradas (del 1 al 15) y 15 cartas de puntuación que van del -5 al 10. En cada carta se revela una de estas cartas de puntuación. Todos los jugadores eligen una carta de su mano y la revelan simultáneamente. Si la carta es positiva, se la lleva el que puso el valor más alto, y si la carta es negativa, se la lleva el que puso el valor más bajo. Pero, si dos o más jugadores ponen un mismo número, no son tenidos en cuenta para esta evaluación. Así hasta que se han jugado las 15 cartas. En la partida éramos cinco, Sandra, Víctor, Marta, Sergio y el que os escribe. Y echamos tres partidas. La primera se la llevó Marta con 26 puntos, con Sandra segunda con 16, Víctor tercero con 5, Sergio cuarto con -2 y yo último con -8. La segunda partida se la llevó Sergio con otros 26 puntos, por los 11 de Sandra, 9 míos, -2 de Víctor y -8 de Marta. Y la tercera fue para mí con 19 puntos, por los 12 de Sandra, 10 de Sergio, y Víctor y Marta empatados a 0. Un filler con encanto, rápido de jugar y que, como he dicho, recuerda al ¡Toma 6! por aquello de la acción simultánea, aunque, en este caso, el componente de memory tiene más peso al poder saber, gracias a una poderosa capacidad de retención, que cartas tienen aun en la mano nuestros rivales e intentar jugar en consecuencia.

Ronda desastrosa
Ronda desastrosa

El martes me llevé para el almuerzo otro clásico de estos momentos, ¡Pingüinos! Un juego de Günter Cornett y Alvydas Jakeliunas. Se trata de un abstracto disfrazado con unos adorables pingüinos que lucharan por hacerse con el mayor botín de peces posible. Un tablero formado por losetas hexagonales en las que nuestros pingüinos se moverán en línea recta tomando la loseta sobre la que estaban al comienzo del movimiento, sin pasar por encima de otros pingüinos ni por huecos. Participantes: Marta, Sandra y Sergio (además de un servidor). Partida bastante interesante ahora que Sergio y Marta ya conocían la mecánica. Muy disputada, aunque me vi encerrado entre una pinza de Marta y Sergio, de forma que ambos se quedaron con una gran isla y mis dos pingüinos quedaron en tierra de nadie, siendo el botín de Sergio más contundente. Resultado final: Sergio 27 puntos, Marta 23 y Sandra y yo empatados a 19 puntos. Como ya sabéis, un título genial, apto para toda la familia. Además es de esos pocos abstractos que han sabido elegir bien el tema (losetas de hielo que se derriten y van dejando pequeños huecos en el mar), convirtiéndolo en un título mucho más accesible que si solo fueran cubos y losetas.

Encerrado
Encerrado

Como la partida no duró mucho, echamos un par de partidas, de nuevo, al Raj. La primera me la llevé yo con 12 puntos, por los 10 de Sergio y Marta, y los 9 de Sandra. La segunda para Sandra con 16 puntos, por los 13 de Marta, 7 míos y -2 de Sergio. Como he dicho, grandioso filler de rápida ejecución. Juego piscinero en toda regla.

Casi la mitad de las cartas para mí
Casi la mitad de las cartas para mí

El miércoles me llevé uno de los juegos reseñados la semana pasada: Abluxxen, de Wolfgang Kramer y Michael Kiesling, con una gran acogida en el grupo. Un filler con mucha interacción en el que se van jugando cartas sobre la mesa en filas, de forma que cuando juegas un número de cartas igual que las de otros pero de valor superior puedes robar o eliminar las cartas de ese jugador. Al final de la partida el ganador será el que más puntos obtenga (las cartas sobre la mesa suman un punto pero las cartas en la mano restan un punto). Éramos Víctor, Sergio, Marta, Sandra y yo. Echamos dos partidas. La primera estuvo a punto de ser finalizada por Sandra, pero nos unimos el resto de jugadores para levantarle prácticamente todas sus cartas. Y, a la chita callando, yo me quedé sin cartas, llevándome la partida con 14 puntos, por los 11 de Víctor, 6 de Sandra, 4 de Sergio y 2 de Marta. La segunda fue mucho más rápida y directa, con idéntico ganador. Y eso que mi mano no era muy propicia al comienzo de la partida, pero un descuido de Víctor propició que robase un comodín del suministro y pude cerrar en mi último turno. Resultado: yo 13 puntos por los 4 de Sergio, 2 de Víctor, -2 de Marta y -4 de Sandra. Probablemente el mejor filler de los últimos tiempos. Con más profundidad de la que podría esperarse y con una mecánica ultrasencilla. Es impresionante como con dos reglas sencillas y una baraja con pocos elementos se consigue algo que funciona tan bien.

Dos grandes partidas al solecito asturiano
Dos grandes partidas al solecito asturiano

Por la noche Sandra y yo volvimos a sacar el Fungi, que tan buen sabor de boca nos ha dejado tras cada partida. Un juego para dos de Brent Povis en el que nos metemos en la piel de dos expertos micólogos pegándose un paseíto por el bosque para recolectar y cocinar las mejores setas y conseguir así puntos de victoria. Una mecánica principal de gestión de la mano con ligero toque de gestión de recursos y un poco de memory. Lo típico en estos casos. Partida en la que no ajusté debidamente y me quedé con un montón de cartas en la mano. Me faltó no querer abarcar tanto. Primera victoria de la señorita. Resultado: 36 a 27.  Juego que, a pesar de ser tremendamente sencillo, posee grandes sutilezas que hacen que cada turno tenga decisiones importantes y no se juegue en automático. El concepto de la profundidad del bosque y el uso de los palos es, sin duda, su mayor característica, aunque también es destacable el juego con el tamaño máximo de la mano. Muy recomendable si dos es vuestro numero habitual.

Esta vez mi olfato micológico no estuvo afinado
Esta vez mi olfato micológico no estuvo afinado

No fue ya hasta el domingo cuando volvimos a jugar, ya que Sandra estuvo algo pachucha. Se vinieron a casa José Luis y Silvia para echar unas partiditas. Comenzamos con el gran estreno de la semana: Navegador, del gran Mac Gerdts. Un juego de especulación de mercancías y movimiento de punto a punto para la ejecución de acciones mediante un rondel muy bien pensado, de forma que, casi siempre, la acción que quieres hacer es de las que más lejos queda. Iremos explorando los diversos mares hasta llegar a Japón, construyendo fabricas procesar azucar, oro y especias procedentes de las colonias que iremos estableciendo. Partida muy entretenida, con gran ritmo. Tardamos en pillarle el punto al juego, pero en cuanto lo hicimos, fue una carrera a tumba abierta por conseguir el máximo desarrollo posible. Yo me centré en las colonias y en las fábricas para intentar conseguir, posteriormente, el mayor número de privilegios posible. Siempre fui bastante justo de pasta, al igual que José Luis, mientras que Silvia y Sandra acumularon muchos cruzados que se acabaron quedando en su reserva sin producir. La clave de mi victoria estuvo en la última iglesia. Tenía otros planes, pero al ver que iba a ir a privilegios y que José Luis podría sacar muchos puntos con ella, me la quedé yo. Resultado final: yo vencedor con 85 puntos, segundo José Luis con 79, Sandra tercera con 68 y ultima Silvia con 64. Grandioso juego. Reglas sencillas, aunque con algún concepto difícil de pillar, sobre todo el tema de la fluctuación de los valores de las mercancías, ya que en ningún momento tienes la mercancía física. Pero una vez comprendido, el juego fluye como la seda, pues las acciones son muy simples. El rondel es una maravilla, con las acciones distribuidas de forma maléfica, teniendo que decidir en cada turno si ir poco a poco para aprovechar las oportunidades que ofrece el tablero o pegar saltos enormes para seguir una estrategia a largo plazo y poder alcanzar las acciones interesantes lo antes posible. Muy recomendable.

Que exploren otros... que yo especulo
Que exploren otros… que yo especulo

Después del chasco de la semana pasada a dos, hoy volví a sacar The Secret of Monte Cristo. Un diseño de Charles Chevallier y Arnaud Urbon en el que tomamos el control de un grupo de buscadores de tesoros que prueban suerte en el castillo de la isla de Monte Cristo. Un juego de mayorías con un curioso sistema para establecer el orden de turno, haciendo uso de un artilugio con filas en las que unas bolas de colores coincidentes con los de los jugadores determinará quien realiza cada acción. Como preveía, el juego funciona adecuadamente a cuatro jugadores, con bastantes decisiones por tomar. Yo tardé en cogerle el punto al juego, pero al menos logré engancharme a la partida antes de que esta llegase a su fin. Finalmente, marcador muy ajustado. La partida se la llevó Sandra, quien estuvo casi siempre a la cola, pero en un arreón final espectacular nos adelantó a todos para proclamarse vencedora. Resultados: Sandra 43 puntos, Silvia segunda con 40, José Luis tercero con 39 y yo último con 38. Sin parecerme un mal juego, la historia de las bolas es sugerente, pero tampoco es para chillarle. Tiene sus sutilezas, sobre todo, a la hora de decidir que tesoros coger y cuales dejar a la espera de que el valor de los mismos sea más interesante. Pero no sé, le falta algo de ritmo. No es sencillo controlar el mecanismo para que las cosas se pongan de cara. Hay que darle alguna partida más, pero no pasa del aprobado raspado.

Lo mejor del juego es manosear las bolas de los demás...
Lo mejor del juego es manosear las bolas de los demás…

Después, dos partidillas al filler de moda en mi entorno: Raj. En la primera la situación era muy favorable para el que os escribe, pero cuando apareció la carta de -5 puntos, todos sacaron los mismos valores menos yo, pegándome un sablazo importante a mi botín, de forma que, finalmente, Silvia se llevó la partida. Resultado: Silvia 14 puntos, yo 12 puntos, Sandra 5 puntos y José Luis 2. La segunda fue un mano a mano entre Sandra y Silvia, con José Luis y yo como espectadores de lujo. Al final la victoria fue para Sandra por un único punto. Resultado: Sandra 17 puntos, Silvia 16 puntos, José Luis 4 puntos y yo 3 puntos.

Ese -5 me mató
Ese -5 me mató

Para cerrar la sesión, una partida al Lobo, el adorable juego de colocación de losetas de Philippe des Pallières en el que cada jugador juega con un determinado color desconocido para el resto de jugadores. Los pastos cerrados contienen una serie de ovejas, y al final de la partida cada jugador puntuará únicamente con un pasto (el que más ovejas tenga), siempre y cuando no esté amenazadas por un lobo en un bosque adyacente. Lo más curioso es que los jugadores pueden retirarse de la partida, premiando al que antes se quite de en medio. Partida tensa hasta que, llegado el momento, Silvia puso las cartas sobre la mesa (de forma muy arriesgada), dejando al descubierto el color de cada jugador por cómo había actuado hasta ahora. Yo, viendo lo mal que tenía la cosa, decidí cortar por lo sano, coloqué un cazador en el bosque colindante a mi mejor pasto y me retiré, asegurándome 10 puntos. José Luis y Sandra tenían malas opciones, sobre todo por movimientos de Silvia impidiendo que cerraran sus mejores pastos. Así que José Luis decidió cerrar también su mejor jugada posible para, al menos, asegurar 6 puntos. Finalmente, gracias a que Sandra no se retiró, Silvia logró cerrar un pasto de 10 puntos y retirarse, anotándose el último punto disponible por este motivo. Un gran juego con buena edición, ilustraciones llamativas y mecánica conocida con un par de pinceladas que le dan un toque original, como lo del color oculto y el tener que retirarse en cuanto creamos que tenemos una buena jugada para anotar más puntos, a riesgo de que si lo hacemos demasiado pronto el resto de jugadores pueden completar una mejor sin nuestra oposición. Muy recomendable si os gustan los juegos de colocación de losetas. Lo único malo es que a cuatro jugadores, en el momento que un jugador se revela, es difícil mantener el anonimato. Recuerda en este sentido al gran juego de Leo Colovini, Clans, solo que en este siempre había un color libre para mantener esta incertidumbre hasta el final.

Me faltó alguna ovejilla extraviada...
Me faltó alguna ovejilla extraviada…

Y con esto termina la semana. Como era previsible, de ritmo inferior a la anterior. Es lo que tiene estar de vacaciones. A ver qué tal se presenta la que hoy comienza.

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